En la calma de una mañana recién estrenada, entre palmeras y flores de un cuidado jardín, el murmullo de madrugadores paseantes y los trinos cercanos de algunos pájaros, con el sol de frente en su pedestal de piedra, un héroe de bronce contempla el paisaje que lo acoge desde hace unos días. Sin su ojo izquierdo, sin su mano derecha, sin su pierna izquierda, impecablemente uniformado con su...