Margarita García-Galán
Margarita García-Galán
Opinión

Vivir sin escribir

Vuelvo a asomarme a esta ventanita de papel donde la palabra escrita vuela libre aireando noticias, emo­ciones o pareceres de lo cotidiano, y nos acerca a la mirada crítica, casi siempre amable, del lector.

Opinión

Mañanas de brisa y sol

Sentada junto al mar de mis veranos, bajo la sombrilla que me presta su gra­tificante sombra de colores vivos, que van palideciendo, envejeciendo conmigo al sol de mañanas luminosas, ardientes, saladas y azules, que me acompañan desde siempre, me dejo llevar por la brisa marina que apenas mueve el volante de espuma que se me acerca con su relajante vaivén de ola. 

Opinión

Mañanas de brisa y sol

Sentada junto al mar de mis veranos, bajo la sombrilla que me presta su gra­tificante sombra de colores vivos, que van palideciendo, envejeciendo conmigo al sol de mañanas luminosas, ardientes, saladas y azules, que me acompañan desde siempre, me dejo llevar por la brisa marina que apenas mueve el volante de espuma que se me acerca con su relajante vaivén de ola. 

Opinión

María en la plaza

Sonaban las campanas del con­vento cuando me acer­caba a ella; la Plaza de las Carmelitas estaba ani­ma­da, la gente disfrutaba de la placidez de la tarde char­lando tranquilamente en las mesas de las ca­fe­terías, en los bancos de madera o deambulando entre los magnolios, testigos mudos del ir y venir de la vida veleña.

Opinión

Más cerca de Marte

Estuvimos con él en una entrañable reunión familiar en el pueblo de sus veranos de infancia. Junto al mar, en la arena gris de sus re­cuerdos, al aire y al sol de Torre del Mar, evocábamos lejanos días azules mientras disfrutábamos de la brisa ma­­­­rina y del pescaíto que echa de menos en EEUU, donde vive y trabaja desde hace ya muchos años. 

Opinión

La primavera en el pañuelo

Estaba sentada en la he­la­de­ría saboreando la tarde abrileña, disfrutando el ca­lor familiar y el sabor a ve­rano de su helado de pi­ño­nes. Encantadas de ver­nos, nos saludamos co­mo siempre, con la alegría y el desenfado de dos amigas que se aprecian realmente y han compartido momentos especiales. 

Opinión

‘Margot’

Fue en el callejón de San Agustín donde la oí por primera vez. Después de ver pasar el Cristo de la Agonía entre inciensos y la música de cornetas y tambores que le acompaña siempre por la estrecha calle, una música excelsa, suave, elegante y solemne llegaba meciendo a la Virgen de las Penas, que venía detrás luciendo su original manto de flores nuevas.