22:36h. Viernes, 14 de Diciembre de 2018

RINCÓN DE LA VICTORIA - POLÍTICA

Crónica de la crisis del grupo municipal de Ciudadanos en Rincón de la Victoria

Dos años y medio han bastado para que la formación naranja de Rincón de la Victoria se descomponga. Desde que ganaran tres concejales en las elecciones de mayo de 2015, no sólo se han ido militantes, sino que dos concejales de los tres electos han dejado la militancia y el grupo municipal Ciudadanos, quedando en solitario la portavoz Elena Aguilar. 

Oscar Campos y Elena Aguilar
Oscar Campos y Elena Aguilar

Primero fue el número 1 de la lista naranja, Antonio Pérez, expulsado en noviembre de 2015, por cometer infracción muy grave de acuerdo a los estatutos de ese partido que vino propiciado por diferencias respecto quién debería ocupar la portavocía del grupo municipal a la hora de conformar de la corporación municipal, cuya postura intransigente le causó su expulsión, y que vino precedida por momentos tensos en los Plenos en los que uno a otro se quitaban el turno de palabra.

Antonio Pérez

(Foto: Antonio Pérez)

Durante los siguientes dos años, la relación fue cordial entre los dos concejales restantes, Elena Aguilar y Oscar Campos. Sin embargo, la moción de censura dejó entrever que dicha relación ya no era tan buena como parecía. Tanto fue así que Campos estuvo en un tris de dar al traste con la moción de censura negándose a firmar el acuerdo a pesar de tener la aprobación desde instancias superiores del partido naranja. Fue en este momento cuando se revelaron sin atisbo de duda tanto las pretensiones personales del concejal como la falta de diálogo entre ambos, una bola de nieve que crecía sin control cuesta abajo.

Comenzaba una guerra fría interna sembrada de sospechas mutuas e intrigas de patio de colegio, coronados de manidos argumentos del tipo “es que no me informa” y del estilo “es que no me dice que le informe”. Cierto es que Campos ha ido tejiendo un argumento en su mente, a veces alimentado por voces interesadas y centrado en el infantil “no cuentan conmigo”, olvidando que había asumido una responsabilidad como concejal, y que su obligación es “preguntar” y “pedir información”, y por eso su último comunicado sólo sirve de maquillaje cuando dice que se conectaba desde casa, en respuesta a Aguilar cuando ésta le acusaba días antes de falta implicación, con declaraciones como "sólo venia a los plenos y sin preparárselos. No ha presentado ninguna moción, ninguna iniciativa, no ha hablado en ningún pleno, no venía a las reuniones con el equipo de gobierno, tampoco venía a las asambleas y no aparecía en los actos institucionales". 

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(Foto: Antonio Pérez, Elena Aguilar y Oscar Campos)

Tal era de insostenible esta bomba de relojería que durante todo este último periodo, Oscar Campos había impedido el pago a los proveedores como moneda de presión de sus reclamaciones, y había denunciado, junto con otros militantes, unas presuntas irregularidades e incumplimiento de los estatutos de la formación, contra la portavoz del grupo municipal, Elena Aguilar, y el coordinador de la agrupación y marido de ésta, Jordi Pons, al comité de garantías del partido Ciudadanos.

De nada sirvieron los tímidos intentos de mediación de Teresa Pardo, viceportavoz de Ciudadanos en la Diputación Provincial de Málaga, y que el propio Campos calificaba de farsa.

Sin embargo, a diferencia de Pérez, Oscar Campos parece que se olía una posible expulsión. La falta de esperanza de que le contestaran a la mencionada denuncia por presuntas irregularidades, unida al control, que no apoyo, que el sector capitalino de Ciudadanos de Málaga mantiene sobre la formación rinconera, hicieron que el concejal abandonara el partido político.

Ahora, cuando queda año y medio para las próximas elecciones municipales, Elena Aguilar se queda sola, muy sola, sin más apoyos en Rincón de la Victoria que el Partido Popular, siempre que el pacto siga vivo y no lo socave, como estuvo a punto de hacer con su abstención en la votación sobre el pliego de condiciones para la gestión de la piscina cubierta. Por eso, Aguilar, en mínimos, ha quedado relegada al ostracismo por un pacto de gobierno que la ha convertido en una actriz de reparto, perdiendo protagonismo y sufriendo la infravaloración de sus posibilidades por los de allí, el aparato naranja malaguista en su afán intervencionista, y por los de aquí, liberales de centro o de derechas, en su interés por recuperar el espacio que les fue conquistado.