Caminos para alcanzar la libertad
A la libertad, tengo el pleno convencimiento, se llega de dos formas : una, por empecinamiento, y el otro camino es más triste y es el que no se cuenta porque no es épico, es decir, haciéndose uno el loco como si no supiera que está haciendo algo revolucionario.
En una misma tarde o noche uno puede acabar sintiéndose como en el New York de los 70 : no tener tiempo para dividirse entre dos eventos. Como a la libertad se llega también haciéndose uno el loco como si no supiera que está haciendo algo revolucionario, decide uno hacer algo revolucionario : colarse por ejemplo en el cóctel de la entrega de premios de alguna asociación. Hace poco leía que con los años se acaba optando por “reducir un 10% la velocidad a la que se conduce y aumentar un 10% la velocidad a la que se bebe”. Yo opto por leer un viernes por la tarde un buen libro junto a Eva, mi mujer, unos cigarrillos y un buen vino, y además hacer algo raro como “oler las páginas del libro”, aunque para mí raro no es. ¡Pero tranquilos! Como decía George Orwell : “la incoherencia en el vivir es de personas brillantes”. Sigamos, porque por la noche se puede seguir exagerando contra los derechos y libertades del género humano, obviando que el ser humano es lo mejor que Dios inventó porque es alguien capaz de sacar vino y sidra de la tierra. De niños tenemos ese miedo innato a dormir, porque dormir es algo ingenioso, trascendental y aburrido, no tiene ese punto de atractivo que tiene por ejemplo el peligro, y por eso Ramón Gómez de la Serna definía dormir “como morir sin narices”, y es que Gómez de la Serna resolvió con humor el concepto de vida : “sacar valor y montarse a la grupa del destino”.