Se despidió un día de primavera
A Juan Fernando Ortega Muñoz,
en su memoria,
que estará siempre presente
Juan Fernando Ortega Muñoz, pensador de lo humano, de lo divino y estudioso de la vida, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Málaga; creador de la Fundación de la pensadora veleña María Zambrano. A María, él la conoció personalmente, y su admiración le condujo a difundir sus obras y su pensamiento.
He de agradecer siempre a Juan Fernando sus enseñanzas y sus sabías palabras; haberle conocido, y estar unido a él, para sentirme su discípulo y conocer las obras de María Zambrano. Fruto de ello, fue mi poemario A la voz sonora del agua, dedicado a la pensadora veleña, en agradecimiento a su magisterio, recogido en sus obras. Obra que me presentó Juan Fernando el 22 de abril de 2015 en el Palacio de Beniel en la sala junto a la Fundación.
Cuando él hablaba de María, y le oía con su voz cálida, reposada y liquida, sentía como brotaba un manantial de hondos sentimientos; argumentando con conocimiento y buen hacer pedagógico el pensamiento zambraniano.
Un pensamiento zambraniano que, como expresaba Juan Fernando, se basa en separarse del racionalismo que adolece de egoísmo, y trae como consecuencia las guerras. Y a María y a sus contemporáneos les llevo al exilio. Porque vivieron ese tiempo triste de la ‘Guerra incivil’, y la crisis de la segunda guerra mundial. Pensamiento que conduce a que la filosofía de María Zambrano se abra hacia la intuición, por lo tanto al conocimiento de lo poético; reconociendo al poeta como filósofo. Lo hace ahondando en los temas humanos:
Como expresa en su libro Hacia un saber sobre el alma, donde nos habla de la soledad, de ‘la vida en crisis’, y nos dice: “La crisis muestra las entrañas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin punto de referencia de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificación”. Y expresa que “también la soledad es propia de la vida de siempre, también está en el fondo de la vida humana. [...] Estamos tan solos porque estamos terriblemente inquietos y turbios”.
Lo que demuestra que el pensamiento de María Zambrano está muy vivo, y es muy necesario aplicarlo en la actualidad como oposición a las guerras y, además contra las actitudes negativas y los intereses económicos presentes en la sociedad. Y su filosofía es muy necesaria también para mantener y defender los valores y los derechos humanos; así como la democracia.
Juan Fernando se ha despedido un día de primavera, el 21 de abril 2026, ha dejado una mochila muy cargada de sabiduría, ejemplo de vida plena. Mochila muy necesaria de tomarla como herencia, para seguir produciendo sus frutos. Sé que así se hará: él y María Zambrano estarán siempre presentes.
María Zambrano eligió la primavera para nacer, 22 de abril 1904, y Juan Fernando se despidió en primavera para encontrarse con María. Ya le oigo conversar, hablando de la esperanza y de la confianza, muy necesarias ambas en el ser humano.
María le dice: “La esperanza es hambre de nacer del todo, de llevar a plenitud, lo que solamente llevamos en proyecto”.
Y Juan Fernando le comenta, oye lo que dice el poeta: “Hay una esperanza que no quiere dejarse atrapar por el tiempo. / Esta esperanza tiene los brazos en alto y las manos extendidas / queriendo agarrar la boca divina”... Pero también está la duda que hace peligrar la confianza: “Y sé de una confianza herida de muerte por la duda /como arena del desierto que ciega mis ojos, / paraliza mis pasos, / y borra las huellas y el camino.
María le argumenta que es muy necesaria la confianza, y le dice: “Si miramos lo que permanece en nuestro interior bajo las creencias y aún bajo la duda, bajo la inquietud y en la quietud misma, es algo cuyo nombre más adecuado parece ser el de confianza”.
Sólo pretendo que compartas conmigo este sentir, acercándote a conocer a María Zambrano y a Juan Fernando Ortega Muñoz, a través de sus mochilas cargadas de sabiduría que han dejado de herencia. Y aprendamos de ellas, porque son muy útiles para la vida. Ambos estarán presentes en mi memoria.