14:48h. Lunes, 16 de Julio de 2018

Armas cargadas de presente

Columna de Salvador Gutiérrez

No está todo perdido. Hace unos meses, la web de un importante periódico nacional, en una noticia, se llevaba las manos a la cabeza, sor­prendida de que una entrevista del día anterior en la misma web, con el filósofo surcoreano -pero afincado en Alemania- Byung-Chul Han, hubiese tenido más de medio millón de entradas en menos de veinticuatro horas.
En la sociedad de  la (necesaria) tecnología, en la sociedad cuyo nuevo Jerusalén es Silicon Valley, en la sociedad de los algoritmos y del big data, el pensamiento, con la fuerza y la constancia de una ancianita en la aglomeración de unas rebajas, se va haciendo un hueco en el panorama de los intereses de las personas. La gente, cada vez más, necesita del alimento misterioso que suministran los pensadores.

De la misma manera pasa con la poesía. Cada vez hay más Ulises que se lanzan a navegar por la lectura o por la escritura de unos versos. Cada día hay más recitales, más certámenes, más editoriales que publican poemas que nadie entiende. Pero este mundo necesita cosas inentendibles.

En Sudamérica,. la poesía se ha convertido en un fenómeno de masas. Los recitales de  poesía llenan estadios de fútbol y los poetas son tratados como estrellas del pop.

En un mundo en construcción, las personas necesitan cosas que nacieron perfectas, como el pensamiento o la poesía. El móvil de hace tres años es hoy un aparato inservible, no así el pensamiento de Heráclito o un poema chino de hace dos mil años, que siguen produciendo punzadas en el pecho.

En un mundo incierto, confuso, en transición, con desafíos monumentales, las personas necesitan encontrar respuestas -o adornadas preguntas- fuera de sus portátiles y de sus hojas de cálculo.

Puede que todo no esté perdido. Puede que el pensamiento y la poesía no estén tan noqueados en la lona como parece.

El pensamiento y la poesía siguen siendo consustanciales al ser humano, incluso en el mundo de la robótica, la nanotecnología, del diseño digital y en el de los complejos videojuegos.

La simpleza de lo que, aún, se hace con un simple lápiz y un simple papel: un poema o una reflexión, puede que tenga la fuerza de una bomba de quinientos megatones.

La poesía es un arma cargada de presente.