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20:18h. Miércoles, 23 de Mayo de 2018

El finiquito

Columna de Antonio Jiménez

Al igual que en El gran teatro del mundo, el auto de Calderón, el drama del independentismo catalán deviene de la parte final: cuando el cúmulo de los disparates del procés se conjuraban con la bufa Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y su ulterior correlato, ante la firme réplica del Estado con el artículo 155. 

En este escenario, desaparecida la República Catalana como por ensalmo, inesperadamente el nacionalismo se apuntaba al tropel a las elecciones autonómicas del 21-D decretadas por Rajoy. Tanto el evadido Puig­demont como sus consellers en prisión, que entre burdas contradicciones se desdicen del paraíso prometido, confiesan su ineptitud para conseguirlo o niegan la intentona golpista ante los tribunales, para salir de las cárceles.

Si con el repliegue de los ‘podemitas’ griegos para seguir en la UE y el malestar por el Brexit británico no fue suficiente escarmiento, a la tercera ha sido la vencida con el golpe catalán. Todo un serio aviso para los otros nacionalismos españoles y europeos, de que las veleidades soberanistas se han terminado. En efecto, la insólita estampida de las miles de empresas catalanas ─por el miedo a la inestabilidad y a la salida de la UE─, acaba de firmar el finiquito de la aventura independentista en el Conti­nente. Al menos, a corto plazo.

Por lo que, no alcanzo a explicarme que los cabecillas del desaguisado catalán, y su tropa, por vergüenza torera no se hayan ido a sus casitas. ¿Que ahí siguen ladrando?, vale, pero ahora también cabalgamos los constitucionalistas.