Hablar claro y con transparencia
Hablar con claridad y transparencia exige tomarse el tiempo necesario para expresarse de forma sencilla, precisa y directa, con el objetivo que el lector ó oyente entienda el mensaje sin ambigüedades. Ser honesto, ofreciendo la información completa sin ocultar datos relevantes para generar confianza y comprensión. Evitar caer en la simplicidad y en la velocidad al dar la noticia.
Expongo el significado de hablar claro y con transparencia para que reflexionemos sobre la importancia que tiene informar con veracidad. Pensar sobre el daño que produce dar una noticia sesgada y no constatada. Porque les importan más competir por la audiencia que hacer bien el trabajo; esto conduce a la confusión, a equívocos, a la desinformación.
La palabra ‘información’, en su concepto etimológico, se remite a desarrollarla con laboriosidad, es decir, dar forma algo ‘informe’; por lo tanto, dedicarle un tiempo, pensar cómo hacerlo. Porque el error es la urgencia de hacer declaraciones rápidas y optar por la irreflexión y la simplicidad.
Argumenta la filósofa y escritora Victoria Camp en su capítulo dedicado a este tema “Claridad, transparencia, tiempo”, y recogido en su libro La sociedad de la desconfianza: “Se equivocan en competir, y con el público que aún lee periódicos y no quiere nutrirse sólo de ‘podscasts’ y ‘tuits’. Y se equivocan también dando por supuesto que la mejor forma de atraer al público es trasladándoles la confrontación y bronca constantes a que se reduce, lo vemos en el discurso político. Un discurso que ya sólo consigue aburrir y ser rechazado por falta de interés y por repetición incesante del mismo tono y las descalificaciones”. Concluye diciendo: “Lo que sobra es el ruido de una pseudoinformación que no aclara nada y que sólo añade falta de credibilidad”.
Mi reflexión pasa por plantear cómo actuar ante tales circunstancias. Ante la vorágine de noticias, lo cierto es que nos exige muchísima formación, prudencia y tiempo para distinguir entre una noticia veraz y otra no constatada. El peligro es caer en la apatía y en desinterés, así como en el olvido por los temas sociales y políticos que a todos nos incumben y benefician.
Las constituciones políticas democráticas reconocen el derecho a la libertad de expresión para que todas las personas puedan expresar y difundir libremente sus ideas y opiniones, y a su vez se reconocen el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz por parte de quienes tienen el poder y medios para transmitir información. Me pregunto: ¿Por qué no hay medidas más efectivas que controlen la desinformación y los bulos? Y éstas sean sancionadas con eficacia.
La sociedad democrática reconoce y acoge todas las tendencias de ideas políticas y sociales, las cuales están reconocidas en los partidos políticos. Y si el peligro que puede sufrir la democracia es caer en la falta de convivencia, debido a actitudes negativas: antisociales, discriminatorias... Las cuales van en contra del sistema democrático. Mi siguiente pregunta: ¿Cómo evitar tales actitudes? ¿Y actuar contra ellas?
Ante estas premisas y preguntas te invito a pensar sobre ellas, porque como personas sociables y ciudadanos de un país y del mundo, debemos encontrar las respuestas y actuar.
Para concluir, he de decir: Que me preocupa la salud democrática, y hay que cuidarla.