¿Cómo miras a la vida?
Preguntarse qué es la vida implica la función de definirla. Pero más importante es aprender a cómo mirar la vida que encontrar una definición.
Preguntarse qué es la vida implica la función de definirla. Pero más importante es aprender a cómo mirar la vida que encontrar una definición.
A lo largo de nuestra historia los seres humanos hemos procurado dar una explicación al universo y encontrar un sentido a la vida.
Vivimos en un mundo global, donde las relaciones humanas son complejas y están muy ramificadas, y ello nos dificulta poseer un verdadero sentido de la Justicia. Porque la concepción de la justicia exige mantener no sólo un conjunto de valores, sino también comprender las relaciones de millones de personas que habitan en los distintos continentes.
Ante las expectativas de un futuro incierto y no predecible, debido a que la única constante que se da es el cambio, surge la preocupación de prepararnos y preparar a las nuevas generaciones para un mundo de transformaciones sin precedentes y de incertidumbres radicales.
El historiador israelí Yuval Noah Harari en su libro 21 Lecciones para el siglo XXI, realiza un análisis antropológico del comportamiento humano, un estudio pormenorizado sobre aspectos sociales, económicos, políticos y religiosos.
La lectura de un libro nos enseña siempre, porque nos vemos reflejados en sus personajes. Sobre todo, si es una gran obra, consigue acompañarnos en nuestra soledad; gracias al diálogo íntimo que surge, y que es provocada por los acontecimientos que viven sus protagonistas.
Cuando vemos la guerra como una acción violenta y destructiva, pensamos en los que la están padeciendo directamente, y procuramos sentir empatía por la gravedad de la situación.
El crecimiento económico necesita de energía y materias primas, y estas son finitas. Cuando se agoten, si es que lo hacen, el sistema entra en crisis. Pero, cada vez que ha habido amenaza de escasez, las inversiones a las investigaciones científicas y tecnológicas han favorecido la explotación de los recursos existentes; descubriendo nuevas energías y materiales.
La visión imperial global del mundo puede ser inminente. A medida que el siglo XXI va avanzando, el nacionalismo pierde terreno.
El homo ‘sapiens’ mira al cielo y contempla las estrellas ante la necesidad de encontrar repuestas de su origen, de su evolución, y cómo será su futuro. Y se pregunta qué hay después de la vida.
Dedicado a la mujer
Las diferencias biológicas del hombre y de la mujer, macho y hembra, no determinan el poder del hombre sobre la mujer. Ha sido la jerarquía de género: la división de hombres y mujeres en el desempeño de diferentes funciones la que ha ejercido el poder; manteniendo sociedades patriarcales. Por lo tanto, el género es una cuestión social, cultural y religiosa.
Cuando pretendemos conocer la historia humana, desde una visión sociopolítica y económica, nos encontramos con creencias mitológicas y religiosas que justifican la jerarquía social como un orden establecido por los dioses.
La palabra felicidad se ha usado hasta la saciedad, pero hay muy pocos estudios serios sobre ella.
Pensar en la existencia de la humanidad y su evolución, desde los ‘Neandertales’ hasta el ‘Homo sapiens’ actual, me hace sentir que vivo un sueño.
Llega el agua de lluvia que esperamos, la vemos caer de los tejados y correr lentamente sobre las calles, regando los jardines y los árboles de la ciudad. También penetra en la tierra, cayendo sobre los campos y los huertos sembrados... Salen caudalosos los ríos, y entonces nuestra expresión es: ¡Bendita lluvia! Que como expresa el poeta: “Bello y bendecido es ese acto de amor: el cielo y la tierra se dan besos de agua”.
Cuando muere un árbol por abandono, por la contaminación, porque han edificado en su hábitat y lo han derribado; o lo veo arder en el bosque, yo siento orfandad, porque es algo íntimo que se me ha muerto. Como expresa el filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “Un árbol es nuestro contacto más íntimo con la naturaleza”.
Mirarse en el espejo de Afrodita o de Adonis es hablar del culto a la belleza, y de la exigencia para alcanzarla. De un patrón estético que es impuesto por una sociedad a la que le importan más las apariencias y sus intereses económicos que la persona y su ‘ser’.
La relación social es vital para nuestro desarrollo como ser humano. La motivación de sociabilidad nace por nuestro instinto de supervivencia y de protección. La afectividad surge, con posterioridad, de la convivencia y de la necesidad de sentirnos queridos y reconocidos. Ambas, tanto la necesidad de vivir en sociedad como las relaciones afectivas están determinadas por el miedo a vivir en soledad.
Los avances vertiginosos de la ciencia y de la tecnología exigen una gran capacidad de adaptación a la sociedad, a la cual no todas las personas están preparadas.