En una ocasión, una compañera de trabajo me recogió en su coche para ir juntos a una reunión. Le sugerí que pusiera algo de música para amenizar el trayecto.
¡Hace calor, hace calor! Así cantaban Los Rodríguez hace unos años. Me viene esta canción a la cabeza debido a las sucesivas olas de calor que estamos padeciendo y que se han convertido en protagonistas indeseables de tertulias, informativos y conversaciones de barra de bar.
Hace tiempo, en un curso de formación, uno de los asistentes era un hombre bien vestido, alto, guapo y con apariencia de ser una persona educada y de buena posición.
Soy de los que piensan que a la vida hay que mirarla a través del parabrisas, no del espejo retrovisor.
Cuenta una historia que, en un pequeño pueblo, había un hombre muy sabio, alrededor del cual la gente se reunía de vez en cuando para meditar y recibir sus consejos.