El 250 aniversario de los Estados Unidos

La reciente celebración del 250 aniversario de los Estados Unidos puso de manifiesto que la historia de ese país nunca ha sido una marcha hacia el progreso, sino una sucesión de avances, rectificaciones y crisis superadas gracias a unas instituciones capaces de reformarse sin renunciar a sus principios. Esa capacidad constituye el auténtico legado de la democracia americana. En tiempos de incertidumbre para Occidente, conviene recordarlo : “la libertad nunca descansa sobre la voluntad de un hombre, sino sobre la fortaleza de las instituciones que limitan su poder”. Desde el punto de vista español, hacia EEUU queda el rescoldo de rencor al país que nos arrebató la primacía mundial. Existe un paralelismo entre los valores de la Escuela de Salamanca y los enunciados de la Declaración de Independencia de Estados Unidos : existían en Salamanca, hace 500 años, “los conceptos de respeto al individuo o de rebelión contra el tirano”. Pero no, no hay una declaración oficial en la que se destaque la imprescindible ayuda de España a la independencia de Estados Unidos. ¿Por qué está silenciada esa historia? Hay varias explicaciones : 1) En el fondo, los líderes rebeldes habían heredado en gran parte los estereotipos antiespañoles que habían estudiado en las universidades inglesas. 2) España, de aliado imprescindible, se convirtió en un vecino incomodísimo. Una de las principales razones de pedir la independencia es que los Estados de la costa atlántica querían la expansión hacia el oeste. La corona inglesa lo cortó, porque no quería que hubiera una dispersión de los colonos. 3) Francia dudó menos que España a la hora de ayudar a las colonias. 4) El Gobierno de España facilitó armas, provisiones, uniformes, mantas y financiación, pero bajo cuerda. Eso provocó que algunos líderes independentistas considerasen que la ayuda española no era tan directa y espontánea. En cualquier caso, la Declaración de Independencia, adoptada formalmente por el Segundo Congreso Continental en Filadelfia el 4 de julio de 1776, ha servido de inspiración para más de dos siglos de cambios políticos radicales a escala global en Europa, el Caribe, Sudamérica, África y Asia. Mucho más allá de la imaginación de sus signatarios, es uno de los documentos políticos más influyentes de la historia de la democracia y la libertad porque condensa, en sus 1.320 palabras originales, los ideales de ilustrados y librepensadores.