Exposición de postales de Navidad de Evaristo Guerra para el diario 'Sur' de Málaga
Navidades en julio / Margarita García-Galán
Siempre me han gustado las postales navideñas. Recuerdo sus paisajes nevados, los belenes, los pastorcillos con caras risueñas, los Reyes Magos cargados siempre de ilusión de niños... Noches estrelladas, frio en el ambiente y un Niño Jesús regordete en un humilde pesebre al que daban calor una mula y un buey. Cada año elegía las más vistosas postales y me pasaba un buen rato ensayando mi letra difícil para enviarlas a familiares y amigos que estaban lejos. Aquello de “Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo”, era la frase obligada y la escribí muchas veces; el típico tópico viajaba en el tiempo entre mensajes cálidos y colores brillantes, con el deseo de que fueran para todos una navidades felices.
El tiempo pasó y se fueron distanciando las felicitaciones; cada vez menos y mejor elegidas, las postales navideñas seguían viajando a hogares recordados que despertaban mi nostalgia en ese tiempo frío de pandereta y turrón. La nieves del tiempo, que platearon mi sien, enfriaron esos mensajes de paz y amor que escribía cada diciembre. El teléfono ocupó su lugar y los sueños de papel cambiaron a charlas de viva voz. Hoy, tantos años después de aquellos típicos tópicos escritos, he vuelto a las postales de Navidad.
En julio, con calor sofocante, entre graznidos de gaviotas, aromas de jazmines y brisas de mar, en la sala de exposiciones de la Oficina de Turismo de Torre del Mar, una navidad en colores, nada fría, me sorprende brillando con espléndida luz de pincel, y me devuelve el recuerdo de una entrañable costumbre de ayer que aparece ante mis ojos en las postales navideñas que Evaristo Guerra, mago del color, envió durante muchos años al diario Sur para felicitar las navidades a sus lectores. Y qué mejor manera de hacerlo que regalando la luz y el color de su arte en paisajes de su tierra, “su particular Arcadia feliz”, que dice el director del diario malagueño. Paisajes de corazón, noches violetas de Navidad, árboles de la Axarquía, estrellas navideñas, reflejos de Luna, la ermita en Navidad... Olivar del SUR, donde los olivos, amorosamente ordenados, forman el nombre del periódico de Málaga, tan de nosotros como esos olivos que acompañan nuestros paseos por esta Axarquía luminosa que nos ve vivir. Sol de tarde, recuerdos de juventud, lluvia de estrellas, naranjos surrealistas de Nochebuena... Sueños de esta tierra que acompañaron siempre al pintor genial que inmortalizó su paisaje y convirtió la ermita del Cerro en una hermosísima catedral de luz y color donde la devoción y los almendros van a misa de la mano.
Preciosa exposición de Evaristo Guerra. Sus postales navideñas, 25 “joyitas” que coleccionaron y alegraron la vista a tantos malagueños, se pueden contemplar y admirar ahora en el largo y cálido verano de Torre del Mar. Pasear por ellas es soñar, sentir en julio esos mensajes navideños, marca Evaristo, que nos llenan los ojos de paisajes soñados, de buenos deseos y de paz. Colores cálidos envueltos en luz radiante, paisajes veleños y luz en los campos malagueños pintados en alegres abanicos que airean emociones y suavizan el calor de julio. Magnífico este 'Homenaje a las postales de Navidad del Diario SUR`, un delicioso paseo por estampas queridas que Evaristo Guerra nos enseña perfectamente alineadas en la paredes del tiempo. Es una felicitación navideña intemporal, igual de cálida en invierno que en verano, porque los buenos deseos se agradecen en cualquier tiempo.
Evaristo Guerra nos regala un derroche de luz y color que nos trae, con sus sueños de diciembre, entrañables recuerdos de ayer a este mes de julio de sol y playa, de damas de noche que perfuman el aire, de alegres vencejos que prestan su música de verano a esta hermosísima Navidad a destiempo que nos alegra los ojos. Pasear por la calma colorista de instantes navideños atrapados en hermosas postales, que son abrazos de colores, me ha invitado a escribir, otra vez, una felicitación de Navidad; a desear a todos paz y amor en este mes de julio vestido de diciembre que sabe a turrón y a nostalgia.
Mi letra se volvió imposible y mis sienes blanquearon como las cumbres de Gredos. El tiempo, que pasa inexorablemente, se llevó esos afectos queridos que recibían mis postales. Pero, hoy, entre el calor del verano y el refrescante color de las pinturas de Evaristo, escribo desde el corazón una postal imaginaria:
Paz y Amor para todos. ¡Felices Navidades en julio!
Mirada entrañable / José Marcelo
La exposición Homenaje a las postales de Navidad del insigne pintor veleño Evaristo Guerra en la Oficina de Turismo de Torre del Mar, y que podemos ver desde el 17 de julio (inauguración) hasta 10 de agosto de 2026. Esta exposición recoge veinticinco cuadros dedicados a las navidades desde 2001 al 2025. Postales editadas por el diario Sur.
Dos décadas y media, donde Evaristo Guerra deja su mirada entrañable sobre la Navidad. Una festividad que es un inicio y un final. Un inicio porque se celebra un nacimiento; y como finalidad de un ciclo anual. Nacimiento, en el sentir cristiano, del ‘Mesías’, pero también de la ‘Naturaleza’. Donde el invierno es la espera, la estación de parir y nacer de nuevo la ‘Naturaleza’.
El artista en su mirada deja su alma creadora, y no es necesario que firme el cuadro, porque le conocemos por el diálogo que mantiene con la ‘Naturaleza’: la luz y el sol de la tarde; el paisaje y su corazón; los almendros, los olivos, el algarrobo, los naranjos; la noche violeta de la Navidad y la lluvia de estrellas; la luna y su reflejo sobre el mar... Su tierra y la nuestra, la Axarquía, sus montes y su mar.
La celebración es tan grande que oímos la melodía, gracias a la armonía que se da en la composición del paisaje con sus tonalidades de colores: se oye un villancico que se canta a la Navidad: a su noche y a su luz, a la lluvia de estrellas; a ese camino que se inicia; a esos bellos sueños que deseamos que se cumplan... Esto ocurre, en el silencio, cuando nuestra mirada queda atrapada por unos instantes en la imagen festiva que está ante nuestros ojos. Sólo basta escuchar... Sí, en silencio, oirás el diálogo y la melodía.
Un buen trabajo realizado. Una gran obra para felicitarnos por nuestra existencia. Un mensaje: el amor que le debemos a la ‘Naturaleza’. Gracias, ‘Poeta de la Luz’.
¡Qué triste sería que ese amor a la ‘Naturaleza’ quedase en el olvido! Y el árbol no muera de pie, dejando sus semillas para volver a renacer; traicionado por el descuido y el fuego. Porque ese día, compañero ‘Poeta de la Luz’, no podremos celebrar la Navidad, ni oír la melodía ni dialogar.
Porque... como dice el poeta:
QUIERO SER:
Como el mineral que muere
en las entrañas de la tierra.
Como la fruta madura que cae
del árbol y germina.
Como el agua del mar
que aplaca la sed del sol.
Como la luma que llora
hace nacer el curso del río.
Quiero ser como la tierra
y beber
de esa agua fecunda que brota.
Para sentirme por dentro,
herido, pero sentirme.
PORQUE...
Quiero ser el agua, el aire y la luz
que da vida.
Sí, una vida que no muera.
Gracias, ‘Poeta de la Luz’. Gracias por tu amor a la ‘Naturaleza’.