domingo, 19 de mayo de 2024 10:56h.
Margarita García-Galán
Margarita García-Galán
Opinión

Música para una mariposa

La he visto muchas ve­ces y siempre me sor­­­prende, me fascina y me emociona más y más. La historia de una joven geisha con nom­bre de mariposa con­- ­vertida en música, es un recreo para los sen­tidos. 

Opinión

El canto más triste

Se cumplen ahora vein­te años del 11M, aquel horror sangriento que nos despertó una mañana con sonidos e imágenes escalo­frian­tes del atentado te­rrorista que costó la vida a ciento noventa y dos personas.

Opinión

La memoria de los árboles

Estaban a lado y lado de una calle amplia que recorría cada día para ir al instituto. Eran unos hermosos árboles de troncos ru­gosos y ramas abiertas frondosas de hojas, que veían pasar la vida de aquella calle animada donde yo vivía. 

Opinión

Vivir sin escribir

Vuelvo a asomarme a esta ventanita de papel donde la palabra escrita vuela libre aireando noticias, emo­ciones o pareceres de lo cotidiano, y nos acerca a la mirada crítica, casi siempre amable, del lector.

Opinión

Mañanas de brisa y sol

Sentada junto al mar de mis veranos, bajo la sombrilla que me presta su gra­tificante sombra de colores vivos, que van palideciendo, envejeciendo conmigo al sol de mañanas luminosas, ardientes, saladas y azules, que me acompañan desde siempre, me dejo llevar por la brisa marina que apenas mueve el volante de espuma que se me acerca con su relajante vaivén de ola. 

Opinión

Mañanas de brisa y sol

Sentada junto al mar de mis veranos, bajo la sombrilla que me presta su gra­tificante sombra de colores vivos, que van palideciendo, envejeciendo conmigo al sol de mañanas luminosas, ardientes, saladas y azules, que me acompañan desde siempre, me dejo llevar por la brisa marina que apenas mueve el volante de espuma que se me acerca con su relajante vaivén de ola. 

Opinión

María en la plaza

Sonaban las campanas del con­vento cuando me acer­caba a ella; la Plaza de las Carmelitas estaba ani­ma­da, la gente disfrutaba de la placidez de la tarde char­lando tranquilamente en las mesas de las ca­fe­terías, en los bancos de madera o deambulando entre los magnolios, testigos mudos del ir y venir de la vida veleña.