Se olvidan de que llegaron para marcharse
No es la erótica del poder, sino la negación de la mortalidad. De repente se ven como sellos postales, como monedas, como placas y más placas con su nombre en bibliotecas, hospitales, canchas de deporte y hasta cementerios. Pierden el norte y se olvidan de que llegaron para marcharse, de que nadie se queda para siempre en ninguna parte, ni siquiera en la vida, que ya sabemos que saca a cualquiera de la partida cuando quiere. Lo he visto muchas veces y con mucha gente, cambian su personalidad, te hablan en tercera persona y te miran como si de repente hubieran crecido en altura como Sabonis o Roberto Dueñas. Pierden todas las dimensiones de la realidad y quieren que les sigan abriendo las puertas en todas partes o que los acompañen siempre un par de escoltas. Se van endiosando hasta mirarse en el espejo cada día más mesiánicos, cada día más distorsionados, y casi siempre, también cada día un poco más ridículos. Se quitan de en medio a quienes se atrevan a avisarles de esa insolencia repentina y afianzan a los aduladores, a los paniaguados y a los que están siempre atentos por agradar para mantener el puesto, la subvención y el coche oficial, que te lleva a todas partes sin tener que buscar aparcamiento. Se sienten capitanes de tripulaciones o equipos que no existen, y no asumen que a su alrededor ha crecido la mala hierba y que la está viendo todo el mundo. En España ya les pasó a Felipe González y a Rajoy, se sienten traicionados por esos paniaguados que besaban las aceras por donde pasaban para poder seguir con sus cosillas y sus corruptelas. Felipe y Rajoy, como ahora Pedro Sánchez, tampoco dimitieron cuando los veíamos en medio de un jardín de alimañas. Ellos, como Pedro Sánchez estos días, prometieron firmeza con la corrupción y una regeneración absoluta de su entorno. No es nada erótico, quizá sólo sea miedo a volver a la normalidad de los mortales. Sí conozco otros políticos que han dado un paso atrás, o que tras perder unas elecciones se marcharon o se quedaron en la oposición trabajando como trabajaban en el poder, pero sin poder. ¡Pero ya sin ese poder que también les cegó en su momento! Un ejemplo: los socialistas te llaman facha si afeas a su jefe Sánchez. Déjenme explicarles, amigos lectores, que el único gobernante que no se endiosó ni quiso quedarse para siempre mandando y sintiéndose inmortal sin darse cuenta de que el cuento de la mortalidad no cambia aunque uno esté en La Moncloa o en la Casa Blanca, ha sido Sancho Panza en “El Quijote” cuando la aventura de la ínsula Barataria, y es que Sancho sólo pidió un pan y medio queso cuando dejó voluntariamente el gobierno de la citada ínsula...