miércoles, 13 de mayo de 2026 19:49h.

Soñar palabras

Reproducimos las palabras de Margarita García-Galán pronunciadas en el homenaje que le tributó el Ayuntamiento de Vélez-Málaga dentro de los actos culturales del libro

Uno de los recuerdos más vivos que guarda mi memoria es verme, aún con trenzas, en una habitación infantil, con una soleada ventana que me asomaba a una calle de Murcia. Soñadora y curiosa, en aquel espacio imaginaba historias para escribir en la pequeña libreta que dormía a mi lado en un cajón furtivo. Allí guardaba instantes precisos, momentos preciosos, suspiros, latidos románticos... Impulsos irrefrenables que pugnaban por salir al aire. Y en la quietud íntima de las tardes, entre versos, libros de inglés y literatura, iba soñando palabras.

Palabras que fueran hermosas, que rimaran con esos latidos locos de una adolescencia vestida de sueños que llamaba con prisa a mi puerta. Y escribía, escribía cada día en mi libreta de papel cuadriculado, cómplice y confidente de mis secretos, que quería ser un diario, una cajita de música de papel donde las palabras soñadas brotaban y bailaban. Sin orden ni concierto, pero bailaban a mi son.

Recuerdo aquel tiempo muchas veces cuando escribo, cuando quiero hacer un vestido cosiendo palabras, dando “puntadas sin hilo”, que decía Carmen Martín Gaite. Aquello fue el principio de una afición, una vocación temprana que se durmió en el tiempo porque pasé, de soñar palabras, a vivir los sueños que se iban cumpliendo. Y fue después de muchos años cuando un día volví a la intimidad de las cuartillas, al gozo de contar cosas, grandes o pequeñas, alegres o tristes, importantes o intrascendentes.

Un día escribí un relato sobre mis recuerdos de infancia para regalárselo a mi hijo, y lo que me dijo sobre él me invitó a seguir escribiendo. Después me atreví a escribir en un foro de literatura y enseñaba mis relatos a mis amigos. “¿Dónde tenías escondido eso?”, me dijo el que sería después editor de Libros de la Axarquía. Y yo le contesté: Estaba ahí, medio escondido en un rincón de la memoria, durmiendo el tiempo en mi cajita de música de papel.

Y así, sorprendida y complacida, animada por las críticas amables, me decidí a mandar un relato al periódico El Avance, donde un tal Gálvez escribía una columna que a mí me gustaba mucho. Mi artículo salió publicado, y el tal Gálvez, jefe de opinión del periódico, me escribió un correo que conservo todavía: “Señora García-Galán, permítame que me presente...”, y muy amablemente me invitaba a “abrir el abanico de mi filosofía”, y a seguir mandando mis escritos al periódico. Así empezó el camino que me ha llevado hasta aquí.

A partir de ahí, empecé a escribí con regularidad, primero en El Avance, después en Diario de la Axarquía, y luego en NOTICIAS 24. Publicar en periódicos de Vélez-Málaga junto a escritores como Montoro, Salvador Gutiérrez, Antonio Jiménez, Antonio Serralvo..., me encantaba. NOTICIAS 24 se convirtió en el mejor altavoz de mis emociones, y me acostumbré a contar mis sentires, percepciones de la vida según mis ojos, y entretenida en lo hermoso, me animé a publicar mi primer libro.

Así nació A la orilla de una higuera. De su edición se encargó Francisco Gálvez, que conocía tan bien mis gustos como mis relatos. Con puntadas sin hilo y a corazón abierto, cosí un vestido de palabras, y él lo adornó con mimo para su puesta de largo. Y seguí con mi columna en NOTICIAS 24, escribiendo de todo un poco, cosas sencillas de mi alrededor que me inspiran siempre: un paisaje, un mar en calma, un libro abierto, una música, un amor... Las calles de Vélez, que tanto me gusta pasear; el mar amigo de Torre del Mar; el color de Málaga; las cumbres de Gredos... Rincones queridos de aquí y de allá que guardan muchos de mis momentos más dulces.

Hablar de esta tierra, de sus pintores, escultores, escritores, músicos, poetas... Contar la historia de un árbol centenario, o lo que me dice la mirada pensante de María Zambrano en la plaza; sentir los versos sensibles de Joaquín Lobato, que se duelen porque llora el mar, o perderse en la belleza rosada de esos almendros floridos de Evaristo Guerra que van a misa en el Cerro. Emociones que fueron creciendo hasta convertirse en otros dos libros muy queridos para mí. Al cuidado de mi querido y admirado amigo Paco Montoro, mi historiador favorito, flamante escritor y generoso editor de Libros de la Axarquía, Mirada en Color y Sonidos al Tiempo vieron la luz hermosamente ilustrados por la fantasía colorista de Antonio Hidalgo.

Casi veinte años ya desde aquel primer artículo que salió al aire con poemas de Alcántara. NOTICIAS 24 ha sido, sigue siendo aún en su versión digital, el altavoz más claro de mi pensamiento. Para mí es un orgullo estar entre tanta gente interesante, que escribe tan bien, compartiendo espacio y pareceres. Montoro, Emilia, Miguel, Jesús, Marcelo, Andrea, María, Pepe... Gracias a todos ellos por su complicidad y su afecto. Gracias, siempre, a Francisco Gálvez, por su impecable trabajo dirigiendo un periódico tan digno, y por aquella oportuna invitación a abrir el abanico de mi filosofía para airear mis emociones en el papel.

Para mí es muy gratificante estar hoy aquí, en este precioso patio, rodeada de familia y amigos, escritores, pintores, poetas, gente de la cultura que dedican mucho de su tiempo a embellecernos la vida. Agradezco infinitamente al Departamento de Cultura del Ayuntamiento, a Alicia Rodríguez y a Salvador Gutiérrez, este homenaje que me emociona y me abruma un poco, la verdad, pero que me parece un hermosísimo regalo. Gracias también a Ana Ortiz y a María José Ruíz por la entrañable presentación y la lectura cálida de mis textos. Y a mis amigos, a mi familia que está ahora aquí, y a Juan Luis que está siempre.

Yo seguiré escribiendo, buscando la belleza de las pequeñas cosas, esa belleza que decía María Zambrano “que desvela lo invisible fusionando el alma y la mente”. Seguiré soñando palabras, dando puntadas sin hilo, cosiendo historias... Aireando mi abanico.

Muchas gracias.