sábado, 03 de diciembre de 2022 00:03h.

Pasear por Vélez-Málaga

Es otro de esos tesoros que enriquecerá sin duda nuestra librería. 

Es otro de esos tesoros que enriquecerá sin duda nuestra librería. Sólo su portada nos invita ya a pasear por esa ciudad entrañable donde vivimos algunos años y a la que volvemos con frecuencia porque sentimos hacia ella un apego especial. El camarín de la Piedad mira a una calle animada de niños y gente que va y viene, en su rutina diaria, entre tiendas y casas antiguas de rancio sabor, ajenos a que ese momento robado al tiempo sería, en color sepia, la portada hermosa de un libro hermoso, Paseos históricos por la Ciudad de Vélez-Málaga, del historiador veleño Francisco Montoro, admirado y querido amigo, que se ha empeñado en la noble tarea de escribir libros y más libros, y nos obliga a recolocar frecuentemente la estantería donde los vamos poniendo con mimo, con un cariño especial. Un libro con más de cuatrocientas páginas llenas de hermosas fotografías veleñas, que son reliquias vivientes que nos van contando la historia de sus calles, sus plazas, sus monumentos..., lugares emblemáticos que fueron o son parte de nuestra vida.

Pesa el libro. Pesa  la densa historia que duerme entre sus páginas y pesa el caudal de recuerdos que voy añadiendo a cada fotografía, a cada lugar que me emociona, que me devuelve a nostálgicos tiempos de esa vibrante juventud que mira el paisaje de otra manera. La memoria se despereza y va engordando el libro a golpe de vivencia y sentimiento. Y escribo, escribo  con el corazón historias, invisibles a los ojos, sobre esa otra historia que me cuenta el autor con un caudal espléndido de datos y fotografías. ‘Lo esencial’ se me aparece, el ayer se me pone de pie y me pellizca el alma... ¡Ay, esa escalerita de la farmacia de la Piedad, con esa espera anhelante mirando el reloj...! ¡Ay, esa Plaza del Carmen con su pérgola y sus banquitos de madera, donde aquellos enamorados se miraban en silencio cogidos de la mano...!  Cada lugar, cada rincón tiene una historia detrás. Los recuerdos se despiertan, cobran vida en cada página y sin querer voy haciendo del libro un diario íntimo, sentimental, que se mezcla con los datos, con las fechas, con lo que cuenta el autor en esos paseos históricos por Vélez-Málaga: cómo eran, cómo son las calles por las que nos movimos, los jardines donde nos enamoramos, las iglesias donde nos mirábamos impacientes pensando en ese otro cielo ‘tangible’ que nos esperaba al salir. 

Leyendo su libro paseamos con el autor por la carretera, la misma que recorríamos  cuando aún no era el entusiasta  escritor que ahora nos invita a conocer y amar la historia de esos lugares que frecuentábamos. Entre amigos conocí todo eso que ahora me alborota el ánimo. Subiendo y bajando la carretera, a golpe de sueño arreglábamos el mundo, que entonces era nuestro. La vida se detenía para nosotros bajo los árboles de esa Plaza de las Carmelitas que siempre tuvo alma, y entre aromas de jazmines, revuelo de vencejos y furtivas miradas, el mundo seguía girando. Dejo de leer, suspiro hondo, lo recuerdo todo, me emociona todo... Vuelve la vida en rosa a asomarse entre el sepia de las calles que el tiempo ha cambiado. Vuelvo a sentir el vértigo de aquellos sueños primeros... y acabo abrazando el libro. Dice el autor, que este libro “no es sólo información y fotografías, también son recuerdos, emociones, sentimientos...” Tiene toda la razón. El lector podrá conocer, con generosidad de datos, la historia del paisaje veleño con el rigor al que nos tiene acostumbrados el historiador. Cómo era una plaza, cómo es ahora. Cómo se llamaba una calle, por qué cambió de nombre. Por qué se secó el ficus del parque...  Pero, además, el lector se sentirá protagonista de las vivencias que esconden los lugares descritos, se dejará llevar por sus recuerdos y la emoción le hará, como a mí, abrazar el libro.

Paseos históricos por la Ciudad de Vélez-Málaga es, como otros muchos del autor, un libro imprescindible para conocer y amar el pueblo que nos vio vivir. Un libro hermoso con el que pasearemos, del brazo de la emoción, por el alma profunda del Vélez de siempre.