03:42h. Martes, 23 de Octubre de 2018

Luz de Andalucía en el paseo

Columna de Margarita García-Galán

Algunos lugares de nuestro paisaje se nos hacen cercanos a fuerza de frecuentarlos. Una calle, una plaza, un jardín... Des­de siempre, paseo cada día en verano por una orilla de mar que he visto crecer y embellecerse año a año, desde aquel tiempo lejano donde su suelo de albero era ya un lugar de encuentro. Recuerdo los paseos por él, con amores tempranos y amigos entrañables, viviendo el lúdico de­senfado de los años jóvenes, disfrutando entre risas y entre oleadas del polvo amarillo que levantaban los vientos de poniente o de levante. Muchas de mis vivencias de adolescencia se quedaron prendidas en esos ai­res de ayer; recuerdos rosas entre azules de mar y amarillos de albero. Aquella orilla primera se fue convirtiendo en el hermoso paseo marítimo que disfrutamos hoy en Torre del Mar. Un espacio abierto y animado, ventilado con brisas azules de un mar amigo que nos saluda al pasar con su relajante rumor de olas. Un mar inmenso y sereno que dibuja a capricho canciones de espuma que van y vienen al mismo son. 

Al son de las cantarinas olas, estrenando mañana de junio, vuelvo, como cada día del verano, a caminar por él, a beberme el aire y el sol de mi paseo. A un lado, la playa gris, que se va llenando de gente; al otro, los jardines cada vez más cuidados, con sus árboles frondosos y la alegre policromía de sus vistosas flores, que adornan y acompañan la soledad de unos versos que duermen al sol protegidos tras el cristal, y que son pálpitos de vida, trocitos de al­ma del poeta Alcántara. Recitando en silencio los poemas, llego hasta una ‘sala de exposiciones’ al aire libre, donde distintos pintores dejaron su im­pronta para disfrute del paseante. Miro los cuadros de siempre, protegidos ahora y con mejor estética, que nos hablan del mar, de barquitas varadas en la belleza de la Axarquía, de abuelos curtidos al sol que arreglan sus redes... Estampas que nos alegran con su sencillez, o que nos impactan con su tristeza en gris: el horror de la guerra en el mural grandioso que nos dejó Picasso. Mirar el Guernica siempre me produce escalofríos. Aho­ra, como si quisiera acallar el suspiro de tan  negra tristeza, llega este Homenaje a la luz de Andalucía del veleño Evaristo Guerra, que será un alto más en el camino, una parada obligada para cargar de belleza las pilas del alma. 

He visto otras veces esta obra inmensa en distintas salas de exposiciones; he visto cómo llenaba de luz las paredes blancas, cómo acaparaba todas las miradas este festival de colores abrazando pueblos, ciudades, mo­­­numentos, olivares, campos de amapolas, almendros... Andalucía diversa, bellamente reflejada por un andaluz que la siente y la adora. “Es mi homenaje a la tierra que me vio nacer, mi Andalucía”. Evaristo Guerra nos regala, con esta grandiosa obra, los azules de Cádiz, el corinto de Granada, el gris de Almería, los verdes de Jaén, el ocre rosado de Córdoba, el ocre oro de Sevilla, el magenta de Huelva y el violeta de Málaga. Junto al Guernica, al lado de tres esbeltas palmeras, con algunas barquitas durmiendo a su espalda, entre árboles frondosos, colores alegres de un jardín, y los trinos nuevos de los gorriones que anidan en un tejadillo aledaño, Andalucía se nos muestra envuelta en luz, al sol y al aire de un escaparate de lujo junto al mar que nos baña y nos serena. Un bellísimo mural donde el autor ha plasmado, a golpe de color, la luz y el alma andaluza. Una hermosa manera de invitar a recorrer esta tierra nuestra, a pa­­searla, a descubrirla, a rendirse a su embrujo y a amarla sin condiciones. Miles de ojos la recorrerán cada día mientras pasean. Yo también haré un alto en mi camino y descansaré cada día en un color. Viajaré entre almendros y amapolas y llegaré al magenta de la Huelva marinera, a los azules carnavaleros de Cádiz, al corinto de la Granada mora... Me llenaré de luz andaluza y volveré, para quedarme, a los entrañables, acogedores y luminosos violetas de Málaga.

El pequeño gorrión del tejado se asoma curioso a mirar tan bellos colores... Nunca su nido estuvo mejor acompañado.