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00:14h. jueves, 01 de octubre de 2020
Artículo de Francisco Montoro

Los tiempos que corren son tiempos de grandes mudanzas. La pandemia está resultando una palanca demoledora para la mayoría, o gratificante para algunos, según se mire. El coronavirus nos ha cambiado, y nos sigue cambiando en gran cantidad de aspectos, algunos muy sorprendentes. Unos positivamente y otros negativamente.

El pasado lunes 17 el periódico malagueño Málaga Hoy nos daba un titular de portada que, como mínimo, nos hace reflexionar profundamente: “La pandemia cambia los hábitos y se genera mucha menos basura”. Y es que las estadísticas reflejan durante el estado de alarma una caída media del 28 % en el vidrio desechado y un descenso del 12 % en el papel utilizado.

Como sabemos, la basura informa mucho sobre una sociedad, dado que los contenedores en época de bonanza acumulan gran cantidad de residuos y, cuando llegan las crisis, se reducen los mismos. Las estadísticas oficiales confirman una caída considerable de desechos, como reflejo de la restricción en el consumo.

A la vez han aumentado las lecturas, el ejercicio deportivo personal, la solidaridad vecinal, la creatividad, y los bulos, la desconfianza en la clase política… El funcionamiento de los televisores domésticos ha batido récords y las cadenas de televisiones locales, a lo largo y ancho del país, forzadas por la incapacidad y limitación para mantener con normalidad la producción propia, han tenido que conformar su programación diaria con programas grabados antiguos que, sorprendentemente, han causado, y siguen causando, una elevada audiencia. En el caso de Velevisa, programas antiguos como ‘Siglo XXI’, ‘Fotos de una vida’, ‘Este pueblo necesita un repaso’... están teniendo un seguimiento sorprendente, según nos indican los abonados.

Por lo que respecta al fútbol, una de las más significadas diversiones populares, tras meses de sequía completa por la imposibilidad de jugarse con un mínimo de seguridad, se ha desembocado en una fase de fútbol televisado, sin público en los campos, y que en tiempo récord ha finiquitado las competiciones pendientes suspendidas con la reactivación de las tertulias deportivas en televisiones y radios, casi como si nada hubiese pasado.

Además del fenómeno citado de menos basura, se constata una repulsa abierta y generalizada de los tradicionales ‘botellones’ de los jóvenes, si bien en estos tiempos de ‘nueva normalidad’ se ha convertido en una guerra abierta de la sociedad con dicha práctica, porque se considera que rompe con la disciplina de las ‘tres M’ que se recomienda en estos momentos de transición. Para aquellos que no conozcan el término, decir que ‘Tres M’, significa “uso de MASCARILLA”, “frecuente lavado de MANOS” y “METROS en la distancia social”. Llegan noticias de diferentes partes del mundo (algunas de la misma Wuhan, ciudad china donde se inició la pandemia) donde la falta de respeto a las Tres M, escandaliza a una población mundial que vive angustiada por una enfermedad que se ha cobrado ya más de setecientos mil muertos y sigue al alza. En nuestro país los indicios de una nueva ola, con infinidad de pequeños rebrotes, asusta a las familias que en el horizonte inmediato ven llegar el retorno a clase de los españolitos.

Para colmo de confusionismo entre la gente de bien, aparecen en escena “los negacionistas”. En decir, aquellos que defienden que el covid-19 no existe, que el virus no es otra cosa que un invento de determinadas fuerzas políticas tiranizantes que tratan de imponer al mundo de hoy unas estructuras sociales y económicas distintas a las que conocemos, con la finalidad de someter a la población mundial a los intereses de unas minorías sin escrúpulos.

Precisamente el pasado día 16 se llevó a cabo en Madrid una convocatoria en la Plaza de Colón, con varios miles de asistentes que protestaban contra el uso de las mascarillas, y otras normas anti covid. Sorprendentemente uno de los convocantes fue el artista Miguel Bosé, que luego, en cambio, no asistió a dicha manifestación.

Esta protesta ha soliviantado los estados de ánimo de las autoridades y la opinión pública, y se buscan responsabilidades por la misma. Incluso se trata de investigar los contagios producidos, en dicha concentración pública, que desde algunos sectores se “compara” en formato con las manifestaciones del ocho de marzo, de triste recuerdo.

Los “negacionistas”, que están contra las mascarillas, las vacunas y el mismo virus (cuya existencia niegan), son una especie de “iluminados” que, al igual que los que defienden que la Tierra es plana, se alejan de las evidencias, conocimientos, ciencia, sabiduría acumulada de la humanidad, etc, etc. ¡De locos!

Con los cambios que estamos viviendo no sabemos a dónde vamos; pero para la gente de bien y defensora de la sensatez, es una verdadera prioridad que no se olvide de dónde venimos.