miércoles, 28 de febrero de 2024 00:00h.

Terremoto

A las 20 horas y 48 minutos del día 25 de diciembre de 1884 se sintió en España un terremoto. En los siguientes días se sucedieron, unas tras otras, las más desgarradoras noticias.

Mas de cien poblaciones se habían visto afectadas y más de dos mil personas habían quedado muertas o heridas en las provincias de Granada y Málaga, lugares en donde, de un modo especial, se había cebado la tragedia. El seísmo afectó grandemente a Vélez-Málaga. 

El veleño Manuel González He­rre­ra, en su libro Mis Memorias, pu­blicado en  Santa Fe de Bogotá (Ar­gentina) allá por el año de 1944, en su página 18 dice: “...In­me­diatamente de la enorme sacudida terrestre, el pueblo todo se volcó en las calles, huyendo precipitada­mente hacia las afueras de la ciudad, teniendo en cuenta el inminente riesgo que se corría de permanecer en ella; pues el derrumbamiento de edificios causó varios muertos y un considerable número de heridos. Esa noche la pasa­ron, la casi totalidad de los vecinos­, alrededor de grandes fogatas al aire libre, ya que los temblores de tierra, si bien con mucha menor intensi­dad que el primero, se sucedían a intervalos de 5 a 10 minutos...”.

El 19 de mayo de 1885 el gobernador civil de Málaga hizo público el estado de los daños sufridos en nuestra provin­cia, cuya valoración total de daños ascendía a 13.353.597 pesetas, cincuenta y cinco muertos y ochenta heridos. (Ello en cuanto a los datos oficiales, siendo muy probable que, al menos por lo que respecta a los heridos, el número fuese considerablemente mayor).

Las noticias de las desgracias movió a la solidaridad a los distintos pueblos de España y a treinta y cinco de los países del mundo. Los donati­vos que se enviaron para atender a los damnifica­dos ascendieron a la cantidad de seis millones cuatrocientas cincuenta y cinco mil setecientas noventa y cuatro pesetas, de las cuales, aproximadamente, la mitad procedía de las provincias española y la otra mitad del extranjero.

Por un Real Decreto de 13 de abril de 1885 se nombraba comisario regio a don Fermín Lasala y Collado, duque de  Mandas, exministro de Fomento y senador del reino, al cual se encarga de dirigir e inspec­cionar la reedificación de los pueblos de las provincias de Granada y Málaga, y destinar y dar empleo, a los fondos recaudados por y para aquellas atenciones.

Por lo que respecta a Vélez-Má­laga, la Comisaría Regia le adjudicó el 1,718% del total del dinero a distribuir entre los damnifica­dos. Cantidad relativamente importante si tenemos en cuenta que fueron 101 los  pueblos auxiliados de los 104  afectados, y que, en los seis de Al­ha­ma de Granada, Arenas del Rey, Al­buñuelas, Güevéjar, Periana y Za­fa­rra­ya, la Comisa­ría Regia construyó directamente viviendas, emplean­do el 59,55% del presu­puesto, por lo que habríase de repartir tan solo el 40,45% entre los 95 pueblos restantes.

Aparte de las ayudas pro­por­cio­nadas por la Comisa­ría Regia, otros organismos aportaron importantes cantidades para hacer frente a los daños, tales como el monarca, el Obispado, la Comisión del Fomento del Trabajo Nacio­nal, comisiones diversas...

El 8 de diciembre de 1885, la Comisión del Fomento del Trabajo Nacional adquirió en Vélez-Málaga un solar para construir 24 viviendas para los damnificados, que se edificaron en menos de un año, siendo entregadas el 21 de noviembre de 1886.

El 12 de mayo de 1885 una comisión científica, en un extenso y documentado in­forme afirmaba que la mayor parte de los daños se debieron a las malas con­di­ciones de edificación, adu­ciendo, por lo que a Vélez-Málaga se refiere,­ lo si­guiente: “...Alzan los tapiales de dos o tres pisos, o raman tabiques en pilastras de ladrillo de cocción; y este último sis­te­ma es el de las construcciones antiguas de Málaga. En todas partes las maderas son pésimas, mal clava­das y sin trabazón al­guna, siendo general que los pares de ar­madu­ras para los tejados descansen en las paredes sin empleo de soleras ni hi­leras; y los made­ros de piso, sin carreras para su sostén, y solo empo­trados en los mu­ros, que­dan sueltos e independientes si sufren un movimien­to general.”

Ojalá no vuelvan a producirse terremotos en nuestra tierra como el de la Navidad de 1884. Poco puede hacer la ciencia para predecirlos, y las normas de construcción actuales cuidan bastante para protegerá a la ciudadanía de los seísmos.
Nosotros hemos tratado el tema en dos libros, uno en 1980, publicado por el ayuntamiento, y ya agotado en la actualidad; y otro en 2011, publicado por Libros de La Axarquía, aún disponible en librerías, y donde se trata el tema ampliamente.