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09:04h. viernes, 10 de julio de 2020

Quiero ser mejor

Artículo de Francisco Montoro

Este tiempo de cuarentena nos ha afectado a todos. Quien lo niegue no dice la verdad. Nos han abrumado los miedos, los bulos, las soledades, las novedades, las sorpresas, las distancias… Es posible, con toda seguridad, que a unos más que a otros. A unos para bien y a otros para menos bien. 

Aún conmocionados por una tragedia inesperada que nos ha cambiado la vida, estamos saliendo de un túnel que nunca habíamos conocido, ni imaginado siquiera, y que nos ha cambiado. Nuestros proyectos, sentimientos, rutinas, incluso amistades, se han visto alterados, golpeados y erosionados. 

Nos hallamos en la “desescalada”, fase final, hacia la “nueva normalidad”, expresión que nos sitúa en una encrucijada contradictoria: si es “nueva” no puede ser normal, y si es “normalidad” no puede ser nueva.

En cualquier caso salimos con una carga emocional, cognitiva y experiencial que nos va a mostrar distintos ante los demás: la familia, los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos… Distintos porque aquello que éramos se ha quedado en parte en el camino de estos tres meses de soledades, reflexiones y miedos. Distintos porque el mundo que encontramos tras el confinamiento, aunque sea el mismo que dejamos, ya no será igual para nosotros, al menos en mucho tiempo. La preocupación, las mascarillas, la permanente higiene de manos, la distancia social, etc., cambian nuestros roles; y los abundantes “bulos” e intoxicaciones que nos han invadido la intimidad en este tiempo, nos hacen más desconfiados, más atentos, más celosos de nuestro tiempo vital…, quizás más comprensivos, más colaborativos, más solidarios…, quizás mejores personas.

Lo preocupante es que el resultado del shock producido por el confinamiento forzado puede ser en varios sentidos. O salimos de este lío más fuertes, más comprensivos, más solidarios, más positivos, más humanos…, o salimos confusos, desencantados, cansados, desesperanzados…

La angustia de cada día cuando los datos de fallecimientos se contaban en centenares, los aplausos diarios a los sanitarios que se enfrentaban heroicamente a un enemigo desconocido y criminal, el permanente machaqueo de los medios de comunicación y las redes sociales, la interminable explosión de numerosas “face new” que aturdían y nublaban las mentes, conformaban un cóctel de sabor amargo, un tiempo de perfil extraño… 

Pero también salimos de ésta como queramos salir. Es decir, podemos colaborar en que la situación final sea lo más acorde posible con nuestros deseos. Podemos hacer bastante para que el final de esta cuarentena sea como deseemos nosotros. Algo así como que “amasados” por las circunstancias vividas podemos sutilmente modelar nuestro yo final, en cuanto podamos intervenir y no dejarnos malformar totalmente por los agentes externos.

Yo, a resultas de todo lo vivido, quiero sacar lo positivo, aprender de los miedos, las soledades y las fracturas; salir con cicatrices salvables, con planteamientos de esperanza y de futuro. No me conformo con que todo haya sido inútil, un sinsentido, un tiempo borrable. Quiero que el yo postcuarentena y postpandemia lleve una carga de comprensión y solidaridad con mis cercanos, buena dosis de colaboracionismo con los héroes del día a día que me rodean y una buena ración de paciencia con mis críticos y distantes. 

A partir de ahora quiero ser mejor.