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22:47h. domingo, 07 de marzo de 2021

Carl Sagan decía que “qué cosa más sorprendente es un libro. Es un objeto plano, hecho de un árbol, con partes flexibles en las que están impresos montones de curiosos garabatos. Pero, cuando se empieza a leer, se entra en la mente de otra persona; tal vez de alguien que ha muerto hace miles de años. A través del tiempo, un autor habla clara y silenciosamente dirigiéndose a nosotros y entrando en nuestra mente. La escritura es, tal vez, el más grande de los inventos humanos. Une a personas que no se conocen entre sí. Personajes de libros de épocas lejanas rompen la cadena del tiempo. Un libro es la prueba de que los hombres son capaces de hacer que la magia funcione”.

Sagán es un pensador iluminado con una capacidad de análisis indiscutible. Me ha hecho meditar mucho, sobre todo por nuestra innegociable afición a la pluma, por las horas de nuestra vida que hemos dedicado a escribir artículos y libros.

Yo soy escritor. Lo he sido durante casi toda mi vida. Si bien, eso de ser ‘escritor’ requiere matizaciones. Uno se puede ver o creer escritor, o te pueden ver o creer escritor los demás, y serlo o no serlo. Y ello con matices y varianzas.      

No es lo mismo escribir artículos, o poemas, o libros…, escribir contenidos intimistas, de ficción, científicos…; escribir por vocación, por obligación…

El término escritor es muy genérico. Requiere concreción para cada caso.

Escritor es el que escribe. Ya sean poemas, informes, ensayos, libros... Y estos últimos ya sean de ficción, científicos, de divulgación, de historia, didácticos, de autoayuda, etc., etc.

Se puede escribir para uno mismo o para los demás. Para publicarlo o para atesorarlo, para transmitir o para re­cordar, para confesarse o para jus­tificarse, para proyectar o para convencer...

Existen tantos escritores como textos escritos. A veces, incluso existen más escritores que escritos, porque algunos de los textos se redactan en equipo, entre varias plumas...

Por todo ello sería necesario concretar mucho y atinadamente cuando uno se define como escritor.
A mi parecer, el término ‘escritor’ se ajusta más -o con más propiedad- a los autores de ficción. A aquellos que redactan novelas, obras de teatro, guiones cinematográficos... A los demás se les suele aplicar otras denominaciones tales como periodistas, poetas, ensayistas, historiadores, publicistas, etc., etc. Y no resulta raro que un ‘escritor’ atienda a varios palos a la vez.

En fin, que no es tan simple, y que eso de que ‘soy escritor’ necesita matizaciones. Aunque he redactado y proclamado pregones, he escrito artículos, he elaborado informes didácticos, he publicado libros educativos y de historia local... No me siento, aunque pueda parecer raro, estrictamente escritor. Pero amo escribir y me permite, por aquello de meditar lo que escribes, crecer como persona y ayudar a crecer a los cercanos.

La lectura es el procedimiento por el cual los humanos actuales instalamos nuevo software en nuestro intelecto. Ojalá nuestra experiencia de vida, de docencia, de lector, de comunicador y de defensor del ser humano, nos ayude a que nuestros escritos sirvan a otros, si no a través del espacio, al menos a través del tiempo.