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09:48h. viernes, 14 de agosto de 2020
Artículo de Francisco Montoro

En el municipio de Vélez-Málaga, y en la comarca de la Axarquía, han existido a lo largo de los tiempos grandes escritores. Poetas, ensayistas, dramaturgos, teólogos..., pero pocos novelistas. Sin embargo, desde la casi olvidada Rafaelina del Corral, el poco conocido Guillermo Herrera Lafuente y la recientísima y jovencísima Andrea Velázquez, existen novelistas de la tierra, cuya talla, imaginación, historial y fuerza narrativa, son manifiestas y merecedoras de grandes atenciones y alabanzas. 

En la primavera del pasado año 2019 vio  la luz la novela La Hermandad de Huntsville del autor J. Francisco Guerrero López, natural de Torre del Mar, profesor de universidad y conocedor grande del alma de nuestra tierra. Después de haber publicado veinte libros, entre científicos y de ficción, luce con gran fuerza con media docena de novelas, algunas de gran difusión. La última de ellas –la mencionada La Hermandad de Huntsville– ha llegado a la estampa bajo la Editorial Ediciones del Genal, y ha despertado una gran expectación. Esta nueva obra que no deja impasible a lector alguno, fue presentada en Torre del Mar, en el edificio de la Azucarera, con una gran afluencia de público, en medida poco usual para estos tipos de actos.

Se trata de un libro cuidado, en el que, hasta el tamaño del tipo de letra que utiliza, invitan a la lectura, sin impedimento alguno para la legibilidad.

El lector se encuentra ante una historia que engancha, que admira y que hace disfrutar del placer de la lectura. Y todo de un modo muy natural. Desde el momento inicial de la trama, en la que David, el protagonista de la historia, recibe un wassap desde un número de teléfono que no está entre sus contactos y en el que le informan que ha muerto su mejor amigo de la infancia, se despliega una colección de recuerdos que le llevan a repasar su existencia, junto a un grupo de “amigos-compañeros”, integrantes de una “pandilla”, que convivieron en el colegio de Campillos, y rememorando los terribles sucesos que les tocó vivir tras la vida escolar. Amigos del alma, y para siempre, nunca mejor dicho.

Una continua cadena de sorpresas mantiene en vilo al lector que, a cada momento, espera con emoción el conocimiento del desenlace. 

J. Francisco Guerrero conoce muy bien la condición humana, sus pasiones, sus debilidades, sus aspiraciones, sus aciertos y torpezas, sus expectativas… Y las expresa magistralmente, con oficio, con fluidez y fuerza, de modo que el lector se ve en volandas por un  texto cuidado que transporta la historia hasta lo más íntimo de su ser.

El libro está dedicado a un común amigo y compañero del autor y mío, que murió desdichadamente, y que, a lo largo de su lectura, me lo ha recordado grandemente. En algún momento, sin darme cuenta de que se trataba de ficción, me afloraron las lágrimas creyendo que se estaban evocando realidades…

Es posible que al realismo se viera incrementado por la costumbre del novelista torreño de introducir en el relato espacios, edificios y emplazamientos conocidos, técnica que ya ha utilizado en otras de sus novelas anteriores.

Cuando describe un lugar, un pensamiento, una situación, una certeza, o una sospecha, lo hace con tal brillantez y lucidez que el lector se ve sumergido en la historia, con el convencimiento de que se trata de una realidad, no una ficción.

Ha pasado un año para encontrar el tiempo necesario para leer el libro. Demasiado tiempo. Tiempo que he perdido. A veces pasan estas cosas porque tiene uno “un monte” de libros en cola esperando turno. Hoy lamento no haber hecho “trampa” y haber adelantado La Hermandad de Huntsville. En cualquier caso, quien ame la lectura y haga caso del consejo, seguro que se encontrará con un libro impactante difícil de olvidar.