04:02h. jueves, 19 de mayo de 2022

Gitanillo de Vélez

Nació en primavera, en Periana, allá por los años cincuenta. Se llamaba Luis Santiago Amador, pero todo el mundo le conocía por Gitanillo de Vélez. Cantaor de los grandes, artista de los grandes y un veleño de los grandes.

Nació en una de las cuevas que había en la parte alta del pueblo, la conocida como “la cueva de la Curra”, un 17 de mayo de 1951. Su padre se llamaba Félix, y era originario de La Carolina; y su madre, Concepción, natural de Granada. Su infancia estuvo llena de constantes experiencias de pobreza, fatigas y necesidad. 

Cuando apenas tenía los cuatro años de edad, acompañado de sus siete hermanos, se traslada con su familia a la capital de la Axarquía, donde, a pesar de una clara situación de marginalidad, le llevan, -co­sa entonces poco habitual- a la escuela del barrio alto, la de Santa María, con el venerable maestro don José Fernández Ramos, que siempre se sintió orgulloso de haberlo enseñado a leer y escribir.

Desde muy pequeño se hacía sus cantecillos por los ventorros y bares veleños, resultando muy popular entre los concurrentes. Y, para su suerte, como era tan pequeño, todo el mundo velaba porque no se maleara con las cos­tumbres y, sobre todo, con el ha­bitual consumo de alcohol. La gente decía “…al niño no darle vino, dadle la tapa…”, según cuenta su biógrafo, el maestro Miguel López Castro.

Según cuenta el diario Sur, con diez años participa como cantaor en los festejos de la Semana de la Juventud celebrada en Málaga, en la primavera de 1961. A partir de entonces, su crecimiento artístico fue constante, gracias especialmente a una portentosa voz que alcanza una gran variedad de palos flamencos, que él mismo, en muchas ocasiones, acompaña con la guitarra.

Su presencia en concursos y festivales de cante, y sus frecuentes actuaciones en infinidad de espectáculos, le otorgan un nombre y un respeto en el mundillo artístico.  Allá por el año de 1971 graba en Madrid el único disco LP de su carrera. Y, precisamente en aquel  mismo año, Fosforito lo llama para actuar en América con la compañía de Manuela Vargas. En 1978 gana el concurso de la peña La Volaera, de Loja. Y, en 1980, viaja a Japón donde cosecha éxitos y acumula recuerdos inolvidables. En 1993 gana el primer premio del concurso de cante hondo Peña Niño de Vélez. En el 1994 queda finalista en el XIV Concurso de Alhaurín de la Torre; en 1997 y 1998 participa en las Jornadas de Estudios Flamencos de Málaga; en el 2000 viaja a Cuba…

Su popularidad crece y crece. En diciembre de 1999 recibió el homenaje del mundo del flamenco veleño, durante el XXIII Festival Flamenco Juan Breva, en el Teatro del Carmen.
Sus ‘paisanos’ veleños le reconocen y valoran. Un pasaje de una conocida urbanización veleña lleva su nombre. 

Y fuera de Vélez-Málaga, una peña del pueblo granadino de Huétor Santillán, lleva su nombre, en reconocimiento a su arte y maestría. 

Aquí, en la capital de la Axarquía, se le concedieron las más altas distinciones. Allá en el año 2002 el Escudo de Oro de la Ciudad, por haber paseado por el mundo, con su apellido artístico, el nombre de Vélez-Málaga, y la que sin duda fue su gran alegría, el nombramiento de Hijo Adoptivo de la Ciudad.

Se nos ha ido Gitanillo, un artista como la copa de un pino, buen padre, buen hijo, buen hermano, buen marido, buen amigo, buen veleño… y buena gente. Un gitano de respeto.

No te olvidaremos. 

Hasta siempre Luis.