02:26h. Martes, 17 de septiembre de 2019

El mediohombre

Artículo de Francisco Montoro

Desde que tengo uso de razón, recuerdo que cuando a algún varón se le decía que era un ‘mediohombre’ se enfadaba. Y es que, entre otras cosas, lo que somos queremos serlo completamente. 

Cuando a alguien se le dice que es un ‘mediohombre’ se le puede decir por varios motivos. El primero de ellos porque se trata de un muchacho, es decir, alguien que aún no ha alcanzado la madurez suficiente para considerar que es un adulto completo. También se le llama ‘mediohombre’ a los miedosos, a aquellos varones que no tienen el arrojo que se le supone, entendiendo que esa cualidad es inherente al género del titular. En algún caso se ha llamado ‘mediohombre’ a algún varón de sexualidad ambigua, o que la aparenta. En fin, que la terminología de ‘mediohombre’ puede ser confusa o ambivalente, a pesar de que el término resulta extremadamente explícito: la mitad de un hombre.

Hoy traigo a colación este término para referirme a alguien que fue conocido con esta denominación, si bien por un motivo distinto a cuantos hemos apuntado. Nos referimos a un vasco, un personaje histórico de larga reputación, que, curiosamente, está vinculado a Vélez-Málaga. Se llamaba Blas de Lezo (Pasaia, 1689). Todo un marino de mérito que alcanzó la gloria de ser considerado uno de los héroes destacados de la historia española. Todo un personaje de leyenda cuyas proezas, sus gestas marineras, y sus múltiples heridas y amputaciones en combate, le llevaron a ser conocido por varios motes, entre los que destacan ‘Patapalo’ y ‘Mediohombre’.

Blas de Lezo resultó ser de los mayores estrategas de la historia de la marina española, con un gran temple e incontestable sabiduría. Llegó a convertirse en un verdadero azote para los ingleses, a los que, defendiendo a la corona española, saboteaba y desvalijaba, mostrándose como un verdadero rey de los mares.

Pues bien, este portentoso rey del mar, de ilustre memoria, fue herido, por primera vez, en la Batalla Naval de Vélez-Málaga (24 de agosto de 1704), la más importante de la Guerra de Sucesión Española, y donde perdió una pierna. Apenas tenía quince años. Servía como guardiamarina en el Foudrayant, el buque insignia de la armada del Rey Sol, mandado por el mismísimo conde de Tolosa, hijo de Luis XIV y gran almirante de Francia.

Convertido más tarde en la pesadilla de la Armada británica, fue sumando sucesivas heridas de guerra. Perdió el ojo izquierdo, el brazo derecho… Sus problemas físicos, no obstante, no le resultaron nunca un impedimento para casi nada. Contrajo matrimonio con la peruana Josefa Pacheco de Bustos, de la que tuvo seis hijos.

Este vasco famoso, que hablaba cuatro idiomas (castellano, francés, euskera y gascón), murió a los 53 años, tras una vida de batallas y victorias en defensa de la Corona española, tanto en el Mediterráneo, como en el Caribe o el Pacífico. Las causas de su muerte se desconocen con exactitud, si bien se sabe que fue de enfermedad repentina y no en acto de lucha. Su entierro, sorprendentemente, resultó casi anónimo, hasta el punto de que se desconoce el lugar donde está enterrado.

Este vasco, conocido por ‘Mediohombre’ y ‘Patapalo’, que ha deslumbrado con sus gestas a muchas generaciones de marinos, y a los estudiosos de la Historia de España, refería siempre, en sus recuerdos, que fue “ante las costas de Vélez-Málaga” donde recibió su primera amputación de guerra.

Afortunadamente, hoy, en el paseo marítimo de Torre del Mar, se conmemora al ilustre marino y a la Batalla Naval de Vélez-Málaga, con un  monumento obra del escultor Francisco Martín. Da alegría ver a los miles de visitantes a nuestra tierra que se han parado este verano, curiosamente, a observar nuestro homenaje al gran marino español, el ‘mediohombre’.