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08:39h. viernes, 17 de septiembre de 2021

Cólera en 1885

Artículo de Francisco Montoro

En 1855 se va a producir en Vélez-Málaga una epidemia de cólera morbo, que es, cronológicamente, la segunda de este tipo, de las cuatro que sufre el país en el pasado siglo (1833, 1855, 1860 y 1885). En la Axarquía tenemos constancia de que la de 1855 afectó, al menos, a Vélez-Málaga y Torre del Mar, Torrox, Algarrobo y Arenas.

Para conocer su repercusión en Vélez-Málaga, disponemos de un documento de excepcional interés. Se trata del Discurso del Sr. Don Juan de Pascual, Comandante del Primer Batallón de Milicia Nacional, Alcalde primero y Presidente del Ilustre Ayuntamiento y de las Juntas de Sanidad y Beneficencia de esta ciudad de Vélez-Málaga, pronunciado el 28 de agosto de 1855 en las salas capitulares de la misma, ante las expresadas corporaciones, autoridades y demás personas notables que se les asociaron, con motivo de la desaparición del cólera-morbo. (Editado por el Circulo Literario de Málaga en 1855, en la Imprenta de don Ramón Franquelo).

A mediados del siglo XIX el término municipal de Vélez-Málaga contaba con una población real de 15.669 habitantes. La terrible enfermedad aparece hacia el mes de mayo de 1855 y durante cuatro meses llena de luto, dolor y miedo a miles de familias veleñas. Setecientas víctimas sin distinción de edad ni condición.

Apenas las autoridades locales tienen noticias de los primeros casos de cólera adoptaron medidas para prevenir y alejar la mortífera enfermedad. Se dictaron disposiciones para lograr una higiene general, limpieza de las calles y ruedos, exigiendo esmerado aseo de casas y locales privados, alejando de la población las estercoleras y pudrideros, desecando las charcas y procurando que las sustancias alimenticias poseyeran siempre las máximas garantías para su uso. (“...Sírvanos de consuelo, que hemos hecho en este punto cuanto ha sido posible, en la seguridad de que por ello se ha retardado la invasión apareciendo en época más favorable y atenuando sus estragos...”. (Pág. 5 del Discurso...)  

Pero no se limitaron a esto las medidas de los ediles. Conocedores de que, a pesar de las medidas preventivas suele desarrollarse la enfermedad, se prepararon y equiparon para el terrible trance.  Y, dado que la miseria era el más seguro albergue del cólera, -y, por tanto, el mejor remedio el socorro de la indigencia- se pidió un préstamo a los fondos del Pósito por valor de 23.216 reales y 26 maravedís; se recaudan 17.961 reales en suscripción ciudadana voluntaria y, uniéndose a esto los socorros prestados por la Hermandad de la Caridad y personas particulares, se logró surtir de lo preciso a los enfermos e indigentes, destacándose el hecho de que tres principales del lugar (el vicario don Diego de la Chica, el síndico primero don Francisco Herráiz, y el propio don Juan de Pascual) tomaron a su cuenta los gastos de todos los enfermos de los cuarteles 4º, 5º y 6º, respectivamente.

En la atención médica y sanitaria los facultativos realizaron una labor humanitaria digna del mayor encomio, prestando con toda diligencia la atención necesaria a los afectados, y, de un modo gratuito, a los pobres. Asimismo, los farmacéuticos se hicieron acreedores del agradecimiento popular, y, muy especialmente, don Indalecio del Mármol, que concedió a mitad de precio los medicamentos que fueron necesarios para los afectados.

Se crearon Juntas de Distrito, cuya finalidad era auxiliar en su cometido a las de Beneficencia y Sanidad suministrando a éstas datos del mayor interés y llevando consuelo a las familias.
Colaboraron igualmente el clero y la milicia nacional, uno consolando a las familias dignificadas, y otra, auxiliando en cuanto era necesario, especialmente redoblando los cometidos de vigilancia para impedir el saqueo de las casas cerradas.

Tres pueblos vecinos -Torrox, Algarrobo y Arenas- acudieron al Ayuntamiento de Vélez-Málaga en demanda de auxilio, especialmente de servicios médicos. A pesar de la escasez de estos funcionarios, y gracias también a las buenas disposiciones de los facultativos Sr. Belda y Sr. Martínez, se prestó la colaboración pedida, aún a costa de arriesgar los mínimos de asistencia sanitaria para los veleños.

Por estos mismos momentos en el núcleo de Torre del Mar arreció la infección. Las Juntas de Sanidad y Beneficencia dispusieron, en principio, el desplazamiento diario de los servicios médicos, y, más tarde, al no ser esto suficiente aún, se destinó en residencia temporal en dicho núcleo al médico don Antonio Calpena, así como un botiquín de urgencias.

La filantropía de don Manuel Moreno del Nío, representante de los dueños de la fábrica azucarera, que socorrió en gran medida a las familias más necesitadas, fue, igualmente, una gran colaboración en la lucha contra la calamidad.

El 28 de agosto la epidemia estaba totalmente erradicada.