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11:18h. miércoles, 25 de noviembre de 2020
Artículo de Francisco Montoro

Un veleño, José A. Pérez Domínguez, acaba de publicar una novela de interés, ambientada en Vélez-Málaga, desarrollada en un barrio veleño y con una colección de referencias a nuestras costumbres de medio siglo atrás.

Escribir una novela en los tiempos que corren, en los que se leen muy pocos libros, es un acto de heroísmo. Y publicarla, además, una misión casi imposible.

Estamos, pues, ante un acontecimiento de mérito. Aparece una novela de ambiente local, centrada en el Barrio del Pilar, de un tiempo ya lejano, casi olvidado, y que reaviva la memoria de los mayores, gracias a la constancia y esfuerzo de un veleño animoso, amante de las letras y con un finísimo y exuberante sentido del humor. 

El autor en cuestión, extrabajador de banca, ha titulado su novela Barro en los Zapatos, editada por Platero Coolbooks, y que ha logrado aunar las variables necesarias para convertir su obra en un libro de éxito.

La historia elegida es la de una pandilla de muchachos amigos que transitan por los años cincuenta/sesenta del Vélez-Málaga más castizo del siglo XX, donde no existían televisores, ni internet, móviles, Facebook, WhatsApp…, y ocupaban su tiempo con objetivos concretos de ir al cine los domingos y convencer a las ‘niñas’ para asistir a los típicos guateques con los que los jóvenes del momento lograban aplicar sus ansias de flirteo y emparejamientos típicos y lógicos de la edad. Los avatares de preparar los guateques, las tertulias previas y posteriores, los lugares de reunión, las anécdotas acaecidas…

Y todo narrado con un fino humor, de modo ágil, y de muy fácil y apacible lectura, con un vocabulario muy rico, cargado de expresiones populares del lugar y la época, y con metáforas y giros expresivos muy oportunos.

Los avatares laborales y amoríos del protagonista, el paso por Vélez de una chica francesa que conquista su corazón…, las conspiraciones de la pandilla para ayudarse unos a otros, y un viaje a Francia, que resulta crucial para los muchachos, completan la trama. 

Con todo ello trata el autor de llevar a la estampa una narración plena de fuerza, interés y colorido.

Decir que vale la pena leer esta novela es poco. Vale la pena pararnos, acercarnos a otra época de nuestra vida y de nuestro Vélez, reírnos con las ocurrencias de una juventud que hoy nos parece de otro mundo y que nos muestra a nuestros jóvenes, nuestro pueblo y nuestras costumbres de un ayer no tan lejano y que muchos veleños reconocerán fácilmente. Los jóvenes sabrán cómo fueron sus padres y los adultos recordarán, y se reconocerán, en los personajes literarios.

Felicidades a José A. Pérez Domínguez por éste su segundo libro -el primero se llamó El llanto sordo- y del que esperamos nuevas producciones que nos retraten cómo fuimos, y nos recuerden en este tiempo de grandes mudanzas y escasos lectores, que ya que no sabemos bien hacia dónde vamos, no debemos olvidar, al menos, de dónde venimos.