20:05h. Viernes, 20 de septiembre de 2019

¿Convencido?

Columna de Salvador Gutiérrez

Huérfanos de periodismo

Los periódicos están  perdiendo los papeles. Dicho esto, claro está, en un doble sentido: en el de que lo digital ha venido, drásticamente, a sustituir a la realidad material de la tinta y el papel, y en el de que aquéllos andan un tanto perdidos por el proceloso mar de la...

Las vacaciones de Cifuentes

Agosto. Paréntesis. Vacacional y vocacional. Espacio en blanco. Donde el tiempo se pierde sin sentimientos de culpa. Cuando no hay que hacer nada y no hay nada que hacer. Agosto: breve despiste de la maldición bíblica. Millones de españoles se encuentran de vacaciones. (Unos cuantos...

Pollos congelados

Niños y niñas de todas las edades y adolescentes de edad indeterminada -algunos traspasaban con generosidad la treintena- corrían de un lado para otro, eufóricos, persiguiendo a los youtubers de moda, a los creadores de sus videojuegos favoritos, a los cantantes de rap free style ,...

Defecando en Pompeya

El verano es esa época apacible en la que parece que no ocurre nada; en la que sólo asistimos, de manera somnolienta, a la con­templación de sobremesa del Tour de Francia; en la que los periódicos y los informativos de televisión se anestesian y se adormilan; en la que los...

Reflexiones y aforismos de última hora

Del filósofo francés Deleuze dicen los que entienden que no respondió a los parámetros culturales del momento (años 60): que no era comunista y que no se psicoanalizó. ¿Cuáles serán los parámetros culturales del momento actual?...

Tarsicio y la simultaneidad

Lo profundo busca la máscara, decía Nietzsche. ¿Son máscaras o son rostros lo que Alberto Tarsicio ha estampado en la caverna del Museo de Nerja? En todo caso, máscaras o rostros, la profundidad asoma por el espacio en penumbra de la sala.

Fiebre

Tengo fiebre. En los últimos días una especie de virus ha hackeado mi sistema informático y me ha inundado el cuerpo de pun­zadas, tos y mocos. Tengo el software do­lorido y embotado. Casi igual que miles de ordenadores del ancho mundo, víctimas, esta semana, de un siniestro ciberataque. Es, en los momentos de cualquier enfermedad, cuando somos conscientes de que en esta vida estamos cogidos con pinzas; de que cualquier resfriado nos puede dar el pasaporte para la otra dimensión sin apenas darnos cuenta. 

Pepe Casamayor

En un mundo en el que quien no llora no mama; en un mundo en el que -cada vez más- actuamos como empresarios de nosotros mismos y nos empecinamos en vendernos a los demás continuamente, se agradece, como bendita agua de mayo, la presencia de esos escasos seres que van por la vida con orden y con concierto, sin alharacas, sin estridencias, a pecho descubierto y sin taimadas cartas debajo de la manga. Son individuos por lo general silenciosos, humildes, prudentes, con pocas ganas de destacar ni de sobresalir sobre nada ni sobre nadie; individuos que ni venden ni se venden; que no buscarán la foto fácil ni las falsas influencias ni los vacuos protagonismos ni el apoyo y el arropo -siempre falaz- de los poderosos.

El inadaptado

Llevo años intentado decir, en artículos y en escritos varios, lo que le leí el otro día, en una entrevista, al humorista Juan Carlos Ortega: “Echo de menos que el humor se atreva con la nueva corrección política, porque la gente que se de­clara políticamente incorrecta, se refiere a cosas de hace cuarenta años. Pe­ro la incorrección política ahora está en otro sitio: te metes con los grafitis y, bum, te machacan, por ejemplo. Yo reac­­ciono contra la unanimidad: cuando escucho a Artur Mas quiero ser es­pañol, cuando veo una unanimidad de izquierdas quiero ser un poco conservador, o sea, que soy un inadaptado”.

Viejas miradas, miradas nuevas

Ha caído en mis manos el nuevo libro de nuestro amigo y compañero de artículos Francisco Montoro.  El libro tiene el sugerente título de Viajeros en Vélez-Málaga y me cuentan que se presentará el próximo 20 de abril en el flamante y recién inaugurado Museo de Vélez (MUVEL).

Los políticos y las redes

Los políticos locales han caído en las redes de la Red. Más que al pueblo soberano, miran a la soberana pantalla del móvil o del ordenador. No hay político que se precie (casi todos los políticos se aprecian demasiado) que no estén atentos de continuo a las redes. Se han rendido a las redes y les rinden cuentas sólo a ellas. En verdad, se preocupan más por la imagen que dan en el mundo digital que  la que muestran en la realidad cotidiana.

Melancolía

La busco, la busco por las calles y por los bares; por las oficinas y por los colegios; por las iglesias y por las mercerías. La busco, pero no la encuentro; hace ya algunos años que se perdió del mapa. ¿Dónde te metes, melancolía? ¿Dónde tu forma indolente y descreída de encarar la vida? ¿Dónde tu punto medio, dónde tu falta de estridencias, dónde tu prudencia, dónde tu discreción?

Gente importante

Dudo que la gente importante sea importante sólo por ser importante.

Gallinas y libros

Las redes están cacareando una vez más. El corral está revuelto. Ahora le ha tocado a Bimba (antes le tocó al torero). Como en todo gallinero sólo porquería y cacareo de aves de corral. Mundo de cacareo perpetuo. Mundo de gallinas imponiendo su grosero cacarear sobre el de las otras gallinas. Este mundo sólo cacarea y cacarea y cacarea y cacarea. 

Quiero decepcionar

Nuevo año. Y nuevos propósitos. El mío: decepcionar. A cuantos más, mejor. Decepcionar, para no tener que ser esclavo de la imagen que doy a los demás; para no tener que repetirme; para que nadie espere de mí más de lo necesario.

Mí no entender

Hace algunos años, una persona -amable y generosamente- me pidió un poema para publicarlo en un libro de segundo de la ESO. Es decir, que unos niños iban a mamar literatura, a adentrarse en el bosque de la poesía, a navegar por el ancho mar de la comprensión lectora con un poema mío: un poema inmaduro, mediocre y mal estructurado. La petición encajaba dentro de una idea global pedagógica que podríamos resumir de la siguiente forma: lo próximo, mejor que lo lejano; lo conocido, mejor que lo desconocido; lo actual, mejor que lo pasado; lo contemporáneo, mejor que lo clásico; lo sencillo, mejor que lo complicado; lo evidente y lo directo, mejor que lo misterioso. Esa idea de pedagogía se sigue manteniendo a día de hoy. Y los resultados son evidentes. A ningún informe PISA hay que acudir para darse cuenta de que ese sistema infantiloide, ese sistema en el que se le da papilla a los jóvenes en vez de comida, ese sistema de sucedáneos alimenticios, ha hecho agua por todos sus boquetes.

La lentitud

Me gusta la moda del Mannequin Challenge: esas paralizadas escenas de grupo -museos de cera de la gente corriente-, donde la vida se toma un respiro. Me gusta ese tímido canto a la lentitud que representan esas escenas, esa leve intención de que las cosas del mundo se tomen su tiempo, de que sean cocinadas a fuego lento. Puede que la moda de estarnos quietos durante unos minutos nos haga entender que debiéramos bajarnos los humos y las revoluciones. A esta sociedad, co­mo a un coche acelerado, se le escucha el ruido asmático del motor. Esta sociedad va siempre con la lengua afuera. Esta sociedad no corre, vuela.