miércoles, 05 de octubre de 2022 12:06h.

Piolín ha muerto, viva Panoramix

Columna de Segismundo Palma

Se acabaron las bromas. Las chanzas de barcos gais y camarotes de hermanos Marx han finalizado. La violencia de Estado, ejerciendo derecho a no ser desintegrado, mató la infantilización indepe. El espíritu de Piolín ha muerto con el aquelarre de referéndum 1-O. Sin mesas electorales. Sin censos. Con urnas-tupperware que ya llegaban llenas de papeletas a los colegios. Con votantes haciendo uso de su voto en repetidas ocasiones. Urnas abiertas en mitad de la calle como una orgía participativa descontrolada.

Un butifarréndum ilegal desde su nacimiento que la dejación de funciones y nefasta gestión del incapaz gobierno de Rajoy ha convertido en movilización civil. Por el camino queda ya, como un rumor olvidado, la traición de una Generalidad y su policía política autonómica que, desoyendo mandato judicial, se puso de perfil en una acción sediciosa de hechos consumados permitiendo la famosa rebelión tumultuaria recogida en el Código Penal. Todo consentido por un Gobierno alejado de la realidad, pusilánime y cobarde, la quintaesencia rajoyana que, en un alarde lisérgico, convocó a los medios para interpretar una realidad inexistente, esa otra realidad en la que viajan, como si la pócima de Panoramix les hubiera alterado la percepción: no ha habido referéndum. El referéndum fue butifarrero, pero haberlo, lo ha habido.

Mientras tanto, de este aquelarre, hechizado por su designio histórico, el govern en otra clásica aparición deífica, sigue su hoja de ruta propagandística, de cortocircuito divino: rostros pétreos, de narciso imperial, aparición delirante, y es que la pócima de Panoramix, parece haber sido disuelta desde Moncloa a la Generalitat y todos, 8 miles high, como The Byrds en los sesenta, viajan lejos, muy lejos, percibiendo múltiples realidades. Un simulacro de democracia es suficiente para legitimar una declaración unitateral de independencia.

Y todo, a su vez, no ha existido para Rajoy y Soraya, que como los emperadores romanos, escondidos en palacio, escancian vino mientras una ciudad en llamas fenece desapareciendo de la Historia. Panoramix, vendes buena mierda. ¡PUM!