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14:50h. lunes, 26 de octubre de 2020
Columna de Salvador Gutiérrez

Las llamadas enfermedades autoinmunes hacen que determinados órganos del cuerpo se ataquen a sí mismos, precisamente en un intento de defenderse de un agente extraño, es decir, el propio cuerpo se defiende de una manera exagerada y acaba luchando contra sí mismo. Es como si al cuerpo le saliera el tiro por la culata.

En esta cruenta guerra que estamos manteniendo contra el coronavirus, los expertos aseguran que, en los casos más graves, el cuerpo reacciona de esa forma: ante la incursión de un virus ajeno a nuestro organismo, el cuerpo produce, para defenderse, una reacción inflamatoria exagerada, de ahí que los corticoides, según algunos especialistas pueden ser una de las soluciones a la exagerada respuesta de nuestro sistema inmunitario.

El cuerpo humano es un misterio. Lo mismo que el cuerpo social, que en muchas ocasiones acaba actuando como el cuerpo humano. Así que al cuerpo social le sale también, en determinado asuntos, el tiro por la culata. 

Como con el coronavirus, hay una avalancha de noticias relacionadas con el teléfono móvil que le desapareció a la antigua asistente de Pablo Iglesias. Algo que se está convirtiendo, junto con los rebrotes del covid-19, en el culebrón de este verano, que viene calentito. Y es que, desde la irrupción en política del dirigente de Podemos, el cuerpo social, el sistema, las élites económicas y financieras, han planteado una respuesta inflamatoria a la presencia del virus de Iglesias. Ha sido tal el miedo que la presencia de la opción política que lidera Iglesias ha supuesto para el organismo, que éste ha padecido lo que los médicos llaman un colapso inflamatorio. El organismo ha planteado un ataque demasiado rápido y demasiado exagerado a la incursión, en el cuerpo social, del virus de Iglesias. Y como con el coronavirus, el cuerpo ha acabado atacándose a sí mismo y permitiendo que el virus campe a sus anchas por el interior y tenga un potencial, incluso, más letal.

Nada más asomar su patita por el escenario de la política, el sistema comenzó, de forma demasiado rápida y demasiado exagerada, a buscarle trapos sucios al dirigente de Podemos, sin dejarle el respiro de una mínima trayectoria política o de gestión. La exagerada reacción inmunitaria ha provocado que Iglesias se haya hecho más fuerte, porque ahora es una víctima y hasta casi un mártir.

La reacción inflamatoria del cuerpo social contra Iglesias ha hecho que sus seguidores cierren filas en torno a él y que los que no comulgan con el dirigente puedan verlo hasta con cierta simpatía, porque intuyen el acoso y derribo al que está siendo sometido desde el principio.

Lo cierto es que la precipitación exagerada con la que han actuado las élites contra Iglesias ha hecho  que éste  sea inmune a cualquier corticoide. Los ataques despro­­­porcionados le han concedido un cheque en blanco firmado con el beneficio de la duda.  Ahora, Iglesias, como aseguró Trump, podría matar a alguien en la Quinta Avenida y no perdería un solo voto.

En definitiva, las defensas del cuerpo le han dado más vida a Iglesias. Para unos, un peligroso virus y para otros, una bacteria beneficiosa.