15:51h. Lunes, 30 de marzo de 2020

Tarsicio y la simultaneidad

Lo profundo busca la máscara, decía Nietzsche. ¿Son máscaras o son rostros lo que Alberto Tarsicio ha estampado en la caverna del Museo de Nerja? En todo caso, máscaras o rostros, la profundidad asoma por el espacio en penumbra de la sala.

Visito la exposición unKNOWN del pintor torreño. Museo de Nerja: bajamos, como se baja a una gruta (¿la caverna de Platón, los ínferos del alma de Zambrano; la oquedad misteriosa de la mente, de Freud o de Jung?); el descenso ya es, en sí, un viaje: una meditatio. Hay que bajar, para elevarse; hay que bajar, para encontrar.
Decenas de rostros -extraordinariamente bien dispuestos, alineados (¿alienados?)- nos miran. Son ventanas. Y son espejos. A través de esas ventanas vemos a los hombres de las cavernas. A través de los espejos, vemos al hombre de hoy. Reconozco al otro, al de ayer; y me reconozco a mí, al de hoy.

Alberto vuelve al rostro. Vuelve a mirar al hombre de frente. Alberto vuelve a la persona. El arte le había dado la espalda a la cara. Vuelve el hombre, como diría un antiguo eslogan de colonia…

Son rostros iguales. Y son rostros diferentes. Hay repetición. Y no la hay. Hay anonimato. Y hay nombres.

Alberto Tarsicio ha conseguido, con esta exposición, algo realmente difícil en arte y en pintura: la simultaneidad. El tiempo, el espacio, lo individual, lo colectivo, lo conocido y lo desconocido coexisten simultáneamente en estos carboncillos. 

En unKNOWN hay pasado, pero también presente. Hay rostros que se dibujaron hace miles de años y que van perdiendo, con el corroer  del tiempo, su claridad y su definición. Pero también son espectros que reaparecen, que vienen del pasado para darnos testimonio del anonimato al que, todos, vamos directos. Y por supuesto, son nuestros rostros: tienen mi nombre. Y el tuyo.

(Nosotros, los de entonces, siempre somos los mismos, en aforismo anti-nerudiano).

Subo a la luz con la convicción de que Alberto Tarsicio sabe pintar y sabe pensar.

Subo a la luz con la experiencia de haber nadado en arte contemporáneo. (A la Sala del Museo de Nerja no le hace falta ese apellido para ser uno de los referentes del arte contemporáneo en la Axarquía).

Subo a la luz sabiendo de la honradez artística de Alberto. Empezamos este texto con Nietzsche. Terminamos con Elena Medel: “Que ninguna máscara nos impida la honestidad”, dice la poeta.

Hay tantos rostros… y yo solo veo uno… Veo un solo rostro, pero hay tantos…

Somos desCONOCIDOS.