09:14h. Domingo, 08 de diciembre de 2019

Divagaciones

Columna de Salvador Gutiérrez

La sentencia de los ERE, las negociaciones para formar gobierno, los juicios contra el Chicle y la Manada, el incombustible independentismo catalán, así luce España estos días. Entre nubarrones y frío. La cosa parece que está confusa, incierta y compleja. Pero, si nos paramos a pensar con calma, encontraremos que, detrás de todo, se esconde, como en toda la historia de la humanidad, los grandes motores que han hecho que este trasto llamado mundo se mueva: el dinero, el poder y el sexo. Hay, lamentablemente, poco más.

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Releo esta cita del que fuera director de la Fun­dación María Zambrano, Juan Fernando Ortega: “El proyecto del feminismo zambraniano no consiste en superar a los hombres, sino en alcanzar la comunidad de ideales, «in­­­tegración espiritual de sus vidas»”. Poco más que añadir, salvo que a María Zambrano se la menciona solo cuando interesa.

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Lo que mal empieza… Se nos va el quiosco de Las Carmelitas. Y, parece ser, que lo sustituye una caseta de turrones. Parece ser también que el quiosco se desmontará y se destruirá. El asesino siempre intenta borrar todas las pistas de su crimen…

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Tengo que reconocer que sé poca Historia. No tuve suerte con los profesores que me tocaron en mis años de instituto. De tan modernos métodos pedagógicos que quisieron emplear, la cosa se quedó en agua de borrajas. Lo que me lleva a pensar que no siempre lo más moderno, ni lo más progresista acaba convirtiéndose en lo mejor. De buenas intenciones pedagógicas están cubiertas las tierras de la ignorancia.

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En estos días nublados en la Axarquía, pienso de nuevo en María Zambrano y en su conocidísima referencia a la luz especial de esta tierra. Se nos llena la boca de la luz axárquica y la empleamos, exageradamente, para cualquier cosa. Sobre todo, en pintura. Pero, a pesar de la grandísima calidad de nuestros pintores, ninguno, todavía, ha retratado la luz de la Axarquía.

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Los medios de comunicación de la comarca han hecho tierra, han hecho cultura, han he­cho sociedad y vecindad durante unas cuantas décadas. Va siendo ya hora de que esos mismos medios comiencen a analizar con espíritu más crítico y con más capacidad de análisis la sociedad a la que pertenecen. En esta vida hay siempre un tiempo para construir y otro para ser crítico con esa construcción.

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Me apetece acabar estas divagaciones con esta cita de Cervantes (tan solito en su Sala Cervantes): “Con poco me contento aunque deseo mucho”.