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19:00h. sábado, 17 de abril de 2021

Columna vs Ensayo

Columna de Salvador Gutiérrez

Creo que una columna es un artefacto arañado por la actualidad. Es decir, que una columna tiene que tener un punto de orfebrería y técnica y, al mismo tiempo contener una valoración u opinión sobre algún aspecto de la actualidad. Creo que Manuel Alcántara llevó hasta la última tilde esa concepción de la columna. De hecho, dijo hasta la saciedad que una columna no podía ser un ensayo pequeño, refiriéndose a que  aquélla no puede tener pretensiones totalizadoras ni sistemáticas, o sea, que no puede dar, en veinticinco líneas, toda una visión del mundo. No es columna -o al menos, no es buena columna- aquella que pretende contarnos la idea global de su autor sobre cualquier asunto  -y menos si ese asunto no tiene un componente de actualidad-. Tampoco una columna puede ser el vómito incontrolado de opinión de alguien. El vómito opinativo no tiene reglas, ni trabajo detrás, ni mesura, ni estructura, ni invención. Y una columna sí debe tener todas esas cosas. En una columna no solo hay que opinar, sino que hay que saber opinar, es decir, hay que saber estructurar la opinión de tal forma que, con unos elementales recursos técnicos, podamos mantener durante un rato la dispersa atención del lector. No todo el que tiene opinión sabe exponer su opinión, porque la opinión tiene mucho de trabajo de andamiaje y también tiene mucho de invención. En una columna no necesariamente hay que decir lo que se piensa, sino que hay que pensar bien lo que se dice. Y es que, antes que cualquier otra cosa, el columnista debe saber salpimentar su artefacto para entretener al lector. En ese sentido el entretenimiento sería una de las claves más importantes de una columna.

De modo que en esta introducción he incumplido con creces lo que entiendo por columna, porque he pretendido hacer un ensayo sobre su definición. Un ensayo que se queda cojo, que no es entretenido y que no toca ningún tema de actualidad. En fin, que le he sido infiel al maestro Alcántara y me he caído, con todo el equipo, en la trampa de la contradicción.

El problema es que como este periódico lleva ya algunas semanas sin salir a la calle a hacer sus necesidades, se han acumulado tantos temas de actualidad, nacionales y foráneos, que una especie de emplasto se ha formado en mi corta memoria de  lector de periódico y he sido incapaz de opinar sobre nada. (Y digo temas nacionales y foráneos porque no soy ningún héroe para tratar temas locales… en fin, otro día hablaremos de la autocensura…)

Lo dicho, que con tanto emplasto de temas ya no sé si es Pablo Iglesias el que se va a Gales a estudiar el bachillerato o si es Rajoy el que está diciendo que España es una democracia imperfecta. Tampoco sé, a ciencia cierta, si Illa se ha colado para ponerse la vacuna contra el coronavirus o si es Abascal quien ordenó asaltar el Capitolio de los Estados Unidos. De hecho, no tengo muy claro si quien ha sufrido un impeachment en el Congreso americano es la princesa Leonor. Y tampoco sé si es Bárcenas el que, según una encuesta de Tezanos, ha sido el claro ganador en las Elecciones Catalanas.

En fin, muchas veces la actualidad es tan efímera, tan insustancial, tan poco importante que, como el Cola Cao, se hace grumos y no se puede disolver bien en la leche del día a día. Muchas veces la actualidad es tan poco actual que es mejor opinar sobre lo atemporal. Y acabar escribiendo un ensayo.