19:23h. Viernes, 20 de septiembre de 2019

Tribuna libre de José María Matás, candidato de Podemos a la Alcaldía de Vélez-Málaga

Un periodista me preguntaba hace unas semanas si no temía que dándole la voz a la gente y permitiendo que esta participase en la gestion de los asuntos públicos, pudiendo decidir, por ejemplo, a qué cuestiones se podría destinar parte del presupuesto en su barrio o pueblo, no corríamos el riesgo de que se terminasen adoptando medidas absurdas o peregrinas.
Tras explicarle que la idea no era que todo el mundo lo decidiese todo todo el tiempo, sino que se trataba, simplemente, de poner en marcha los mecanismos de descentralización, gobierno abierto y transparencia que la ley contempla (con la creación de Juntas de Distrito, consejos sectoriales, presupuestos participativos, etc.) para que la ciudadanía pueda involucrarse según su dis­­­ponibilidad e interés, terminé añadiendo que, por lo general, y cuando se trata de decidir a qué va dedicado el dinero público, el personal es bastante más sensato de lo que en ocasiones se pretende transmitir.

Así se deduce de un estudio de opinion realizado recientemente en nuestro municipio, al que algunos hemos tenido acceso, y en el que los más de 400 vecinos consultados demostraban tener bastante claro cuáles deberían ser las prioridades en un municipio como el nuestro. ¿O no es de sentido común pensar, como reflejaba la encuesta, que, puestos a buscarle una finalidad a Las Claras, el acoger una escuela universitaria es con diferencia la opción más atractiva? ¿Acaso es una locura el que sean muchos más quienes piensan que hay que prescindir del Festival Aéreo que los que lo ven con buenos ojos? ¿Y a alguien puede sorprender que una mayoría clamorosa de encuestados opine que existen ciudadanos de primera y de segunda en función de dónde residan; que hay que destinar menos recursos a ferias y fiestas y más a otros capítulos del presupuesto; que la Mancomunidad es una institución opaca e ineficiente que hay que regenerar o, en caso contrario, de la que salirse; que desconcentrar la Administración con la creación de Juntas de Dis­trito es una buena idea; que faltan carriles bici; que carecemos de una política de vivienda adecuada; o que en el Vélez-Málaga del siglo XXI no hay lugar para el maltrato animal?

Lo importante es que estos anhelos que ya están presentes entre la ciudadanía, dejen de engordar estadísticas para ser canalizados convenientemente a través de esas herramientas de transformación social que son, o debieran, ser los partidos políticos. Y no por un cálculo electoral de quienes llevamos incorporados en nuestros programas tales planteamientos. De hecho, con frecuencia los ciudadanos estamos dispuestos a votar opciones que en teoría perjudican nuestros intereses inmediatos concretos, razón por la que, pese a lo que decían los teóricos de la elección racional -que pensaban que el comportamiento de los individuos en el sistema político era similar al de los agentes en el mercado, a quienes solo les mueve maximizar el beneficio-, no votamos tanto con la cartera como movidos por cuestiones que tienen más que ver con emociones, deseos y valores que se nos escapan a nosotros mismos.

Sino porque solo prestando atención a lo que respira la calle, y para eso hay que gastar muchas suelas, dándole cauce de deliberación y expresión democráticos y empujando en última instancia en una dirección virtuosa, más justa y responsable, el sentido común de tu época -pues no se trata de poner la vela en la dirección que sopla el viento, como acostumbran a hacer los viejos profesionales de la política-, es como podremos aspirar a construir una alternativa frente a lo existente capaz de salir bien librada de la única encuesta electoral sin margen de error: la de las urnas.