10:07h. Jueves, 14 de noviembre de 2019

Veinte historias y un deseo

Columna de José Marcelo

“No acerté en mis decisiones, no supe escuchar a mi corazón. (…) Tengo claro que si un clavo saca a otro clavo, a mí me toco un destornillador para librarme del clavo, del desamor que me atormentaba”.

Este párrafo pertenece a Veinte historias y un deseo, que es el título de la última obra de Ángel Miguel Bermúdez Hernández, veleño, que ejerce como profesor de Biología en el IES El Chaparil, de Nerja, dedicado a la literatura.

La obra consta de veintiún  relatos breves, basados en hechos cotidianos, mostrando esa realidad que nos acecha, que nos supera. Me hace recordar a Víctor Hugo, con ese estilo de realismo de la literatura francesa, o la rusa de Fiódor Dostoyevski. Ángel Miguel lo hace con una gran capacidad de síntesis, nos cuenta veinte historias humanas y un deseo, ahondando en la psicología humana, con el bisturí en la mano opera sobre los sentimientos y las emociones, invitando al lector a mirarse en su propio espejo, a dejarse llevar y a reflexionar. Deja abiertas las conclusiones y las decisiones para que el lector elija.

Como esa vecina “loca del 5º A”, donde nadie conoce a nadie, hasta que un día nos sorprende, porque nos damos de bruces con la cruda y fea realidad.

La historia de “Las magdalenas viajeras”, que es una paradoja de la misma vida, con la pérdida de esperanza, con el destino y la fatalidad que encierra: “Son mis magdalenas, las de tu padre; quitándole un poco lo más feo, se puede comer, mira. En ese momento, nuestra amiga (la magdalena) comprendió cual era su destino, cuando parecía que no había esperanzas, llegó algo sorprendente y especial. Gracias a ella, la anciana dejo de sufrir…”.

Son veinte historias y un deseo que dan para pensar: en ese espíritu de voluntad que es necesario para superar las adversidades de la vida, en ese miedo con el que vivimos y se apodera de nosotros,  convirtiéndose en “El  alimento del mal”. Esa llamada al “101” de atención y de socorro por la pérdida de lo verdaderamente humano: la creatividad, la solidaridad, la compasión… Porque sin esos va­­lores humanos “María Soledad” vive en la tristeza más profunda, que le conduce a la destrucción.

Enhorabuena Ángel Miguel por mostrar esa radiografía de lo bueno y de lo malo que llevamos dentro. Escenificar en sus relatos los valores esenciales de la vida, a los que hay que acogerse para apreciarla y darle sentido. Nos habla también de la importancia que tiene ese “Calor residual”, que es aquello que queda siempre, a pesar de pasar el tiempo, y es el salvavidas que evita el naufragio y el olvido. En el “Corazón de Matías” nos recuerda que tenemos una misión. Que “El deseo” es una cosa muy personal, un reto, como es vivir: “La vida le había dado más, mucho más de lo que hubiera soñado, había cubierto algo más que un deseo, la necesidad de amar y ser amado, el respeto y cariño de compañeros, amigos y familiares”.

Los relatos están escritos con un lenguaje ameno, como se cuentan las parábolas bíblicas, sin recargarse en excesivas imágenes que distraigan, consiguiendo atraer el interés del lector, llevándole al terreno de lo emocional para mostrarle la verdad: esa realidad con la que hay que convivir cada día.

Enhorabuena, de nuevo, Ángel Miguel, por crear la auténtica literatura.