07:52h. Viernes, 21 de febrero de 2020

¿Tu verdad?

Columna de José Marcelo

“...Y aun le reveló más que nunca la verdad, esa verdad de la que brotan las verdades que un día pasaron por inventos. (...) Lo que sólo ocurre cuando se está no ante ‘la realidad de la vida’, sino más adentro y más allá, cuando la vida no se interpone con su realidad, aunque la muestre, cuando se vive en verdad, cuando se vive casi de verdad.” Esta cita pertenece al libro La España de Galdós, de María Zambrano, tomado del capítulo En la verdad de la vida. En él, la pensadora hace una reflexión sobre la verdad, basándose en el personaje de Galdós llamado Nina, un personaje que es ejemplo de sacrificio y de entrega para superar la miseria que padecen ella y su señora. La cruda realidad de la vida se antepone y se hace presente. Es el silencio de Nina quien grita la dolorosa verdad que muestra la vida. 

Te invito, lector, a que hablemos, no de tu verdad ni de mi verdad, sino de la verdad y de lo verdadero. Que han pasado dos décadas del siglo XXI y, sustancialmente, nada ha cambiado; al contrario, la imagen de la virtualidad ha creado ‘verdades a medias’, que son auténticas mentiras. Porque tú y yo nos hemos creído el tópico de que ‘una imagen vale más que mil palabras’. Nos sentimos engañados, porque la imagen se manipula, y ya no son nuestros ojos los que ven la realidad del paisaje. Lo penoso es que perdemos la sensibilidad de emocionarnos ante la presencia de esa mirada verdadera. Confundimos la mentira con la verdad, porque mil veces oyendo una gran mentira, la hacen una gran verdad; por ese otro tópico de que ‘si el río suena es porque agua lleva’.

La verdad hay que buscarla: “...ambulando por las callejuejas como un peregrino. /...en la plaza en donde el anciano encorvado por los años habita como una esfinge. /...en la iglesia del pueblo como un pordiosero sentado ante la puerta. Extendiendo las dos manos, mendigo la verdad. La busco en las cárceles... /en los hospitales... /en aquellos que cruzan rompiendo fronteras. /En los maestros que enseñan a caminar por la vida. /La busco en la madre que dio la vida y en el padre que puso la simiente, y dejan sus raíces como herencia”. Ahora, tú me dirás, amigo lector, que todo lo que digo suena muy poético. Yo te daré la razón. Pero te diré que la poesía es una disidente de este tiempo como ha sido de otros tiempos. Porque habita en la penumbra de la conciencia humana y se afana por buscar la verdad. La poesía es consciente de la locura del hombre, le duele. Porque lo triste es que hemos olvidado sembrar los campos de palabras. De esas palabras con raíces que, cuando tú y yo nos hayamos ido, seguirán hablando de nuestra ausencia. Se están arrojando al cubo de la basura las palabras que portan verdad, como bondad, solidaridad, identidad, realidad, tiem­po, sabiduría, conciencia, amor... Crecen las malas hierbas: mentira, odio, xenofobia, racismo, machismo, miedo...

¿Tu verdad? No hablemos de tu verdad, ni de mi verdad, sino de La Verdad. De la verdad que se ha ido muy triste, porque la humanidad no la quiere ver.