21:43h. Martes, 22 de Enero de 2019

Ser ciudadano del mundo

Columna de José Marcelo

“Ahora, por diversas causas, la historia la hacemos entre todos; la sufrimos todos también y todos hemos venido a ser protagonistas”.  

Este pensamiento pertenece a nuestra filosofa veleña María Zambrano, que lo recoge en su libro Persona y democracia, donde hace un análisis del compromiso que como ser humano tenemos con la historia, con la convivencia, planteando los valores democráticos y la de “ser persona” para actuar como tal. Desarrolla también los peligros que acechan a la convivencia y a la democracia, como son el absolutismo y las ideologías totalitarias.

Actualmente, en el mundo y en nuestro viejo continente Europa, está resurgiendo una ola -o más bien diría un huracán- de xenofobia y de racismo, que crean férreas fronteras contra  la emigración. Se les culpa a los emigrantes de un problema social no superado, como es ser ciudadano del mundo. Ideas nacionalistas que conllevan acciones y actitudes antisociales que ponen en peligro la convivencia y la democracia.

La solución no está en levantar fronteras, ni enfrentar las culturas, sino en solucionar los problemas producidos por la economía neoliberal, que se ha impuesto mundialmente. En superar las desigualdades sociales que se dan en los países del mundo. Ser consciente de los errores cometidos con el continente africano.  Aprender a convivir.

María Zambrano, con clara visión, nos plantea que hay que tener conciencia histórica para evitar las condenaciones en masa, las guerras, y que la historia no se comporte como una antigua deidad que exige  sacrificio. Disponernos a crear una sociedad y mundo humanizado.

Y prosigue María Zambrano argumentando: “La fatiga, y la incertidumbre en las épocas de crisis, el resentimiento, y aun la desesperación, son el terreno preparatorio para la destrucción de la persona que, arrastrada en una especie de vértigo, se presta a esta degradación de endiosar a alguien, en provecho de regímenes totalitarios, que conlleva la intolerancia, la destrucción de la convivencia democrática”.

En nuestra convivencia diaria debemos distinguir lo bueno de lo perjudicial, rechazar esos mensajes de odio y de egoísmo. También a pensar por nosotros mismos; evitando que nos imponga lo que tenemos que pensar o creer. Que nuestras creencias sean firmes, pero no siendo esclavas de ellas, para evitar toda actitud fanática. Que nuestra vida esté siempre abierta a los demás, ser consciente de que formamos parte del género humano. 

Este comportamiento nos define como ciudadano, partícipe de todo acontecer que se dé en nuestra ciudad, en nuestro país, o en cualquier lugar del mundo, porque somos, ante todo y con todo derecho, ciudadanos del mundo. 

Aceptemos la responsabilidad de ser protagonistas de la historia, de ser sus constructores. Y como estamos en Navidad, que significa nacer, renazcamos cada día con ella, tomemos como verdadero espíritu navideño ser ciudadanos del mundo, con el compromiso de que lo sean todos los seres humanos, sin distinción ni discriminación alguna.