22:16h. Viernes, 19 de Octubre de 2018

Manuel Alcántara, el hombre y el poeta

Columna de José Marcelo

“No quiero estar en lo cierto: /quiero buscar la verdad/ Si alguna vez la encuentro/ ya no la podre buscar”. 

Toda una vida no es suficiente para estar en la certeza de comprenderla. Pero basta sólo unos instantes de contemplación, para sentir que la vida tiene un sentido. No lo sé, y lo busco. Eso es lo que importa. Que la verdad sea la misma vida, el nacer y el morir.

En Manuel Alcántara se da esa simbiosis de poeta y de hombre. Como hombre, encierra toda una humanidad que le duele. Que ironiza con la vida: “Estamos llegando a tal imperfección en la insolidaridad, que ya no nos metemos ni en lo que más nos importa.” Como poeta es sensible a la vida, se asombra como un niño, se interroga, se busca: “Nadie me quiso decir /que tanto perder el tiempo / era por buscarme a mí”.  Quiere hablarle a Dios y también lo busca: “Si otros no buscan a Dios/ yo no tengo más remedio: / me debe una explicación”. Le habla con confianza de tú a tú: “Si me echo a Dios a la cara / me lo va resolver todo/ de la noche a la mañana”. 

Confieso que cuando cojo el periódico Sur, lo hago no motivado por saber  las noticias de portada, sino que le doy la vuelta,  y lo primero que leo es la columna de Manuel Alcántara. Porque admiro como escribe,  porque lo hace como si conversara contigo, dejando siempre esa chispa de humor, de ironía, de crítica a las injusticias. En la poesía hace lo mismo, es cercana, diáfana y mantiene un diálogo con el lector; alcanzando a decir lo inefable, lo humano y lo divino de la vida.

Cuando se habla de los poetas, se piensa que son  seres raros, que siempre viven en las nubes o están  en la ‘luna de Valencia’, o bien se les admira, y se les tiene en  los altares. Es un error, porque nadie ve en ellos al ser humano que vive, día a día, con las mismas preocupaciones. Que tienen la particularidad de asombrarse, de sentir empatía, le duelen las injusticias. Éstas son cualidades humanas que debemos compartir. La grandeza de los poetas está en recordárnoslas. Manuel Alcán­tara pertenece a esa rareza de poetas vivos que nos recuerdan, día a día, que somos humanos. Cuando escribe poesía y sus artículos en la prensa, no  lo hace para una minoría, sino para todos. Ésta es la auténtica finalidad del poeta: hacerse oír y entender. 

El origen de la poesía, como el de la música, partió de un asombro, del deseo de expresar una emoción acompañada de la melodía. Porque la poesía es, ante todo, voz, palabra. La poesía, probablemente, surgió de la ternura de la voz maternal, como un arrullo que canta la nana a su hijo, para que se duerma. Esto demostraría que la poesía es accesible para todos. Es un grave error hacerlo para la comprensión de una minoría.

El domingo, 6 de mayo, en el Paseo Ma­rí­ti­mo de Torre del Mar, se homenajea a Manuel Alcántara, un hombre, un poeta que, como digo, habla claro, la voz de su poesía es entrañable, porque estremece todos los sentidos y conmueve los corazones. Merecido homenaje  de agradecimiento a su persona, a la vinculación que tiene con nuestro pueblo. ¡Qué hermoso es llevar su poesía a la plaza, oírla públicamente! Estáis invitados.