05:22h. Viernes, 22 de noviembre de 2019

La otra cara de la moneda

Columna de José Marcelo

“Mas tales espejismos, y aún otros, se producen cuando aspiramos, aún sin darnos cuenta, a vernos en la verdad, a que ella nos diga quién somos”.
Esta cita pertenece a María Zambrano, de su artículo El espejo en la historia, que está incluido en su libro El exilio como patria, cuya edición, introducción y notas son del filósofo D. Juan Fernando Ortega Muñoz, (exdirector de la fundación María Zambrano).

La vida está siempre poniéndonos a prueba; lo hace de modo individual, a pesar de que queramos solventar las preocupaciones, los accidentes y los contratiempos bajo la protección de la colectividad, alegando que son circunstancias comunes que atañen a todos. Nos queda el consuelo de mirarnos en el espejo de la Historia, pero con  miedo de que tales espejismos nos muestren la verdad, a la que hay que afrontar cada día, para terminar preguntándonos: ¿quién soy yo?

En Francia, las manifestaciones de los ‘Chalecos amarillos’ son ejemplos de esos males que se atribuyen a circunstancias comunes, las cuales mueven a la ciudadanía. ¿En respuesta a qué, quizás a un sentimiento de abandono, de pérdida de confianza?  Ellos actúan sin líder que les represente, porque han  perdido el referente ideológico y político.  La pérdida de confianza es la causa que hace tambalear las creencias y, como consecuencia, se produce un desvanecimiento de la identidad social. Cuando se le pregunta por qué se manifiesta, se expresa con el yo personal. Aunque el desamparo le une a la  colectividad, antepone siempre su yo a todo lo que le anule. El miedo le hace actuar con violencia, y a luchar por la supervivencia. Todos coinciden al manifestarse en que padecen también una gran violencia, porque se sienten engañados por sus representantes políticos.

La parte negativa del movimiento de los ‘Chalecos amarillos’ es actuar con  violencia. Así como la  pérdida de universalidad, a no reconocer los derechos internacionales de emigración; cayendo en ese mirarse el ombligo, en el nacionalismo. La parte buena es la reflexión a la que nos invita. 

Me viene, a la memoria, la frase que pronunció el general  y primer ministro francés Charles de Gaulle, en una época de crisis como la II Guerra Mundial: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”. Estas palabras deben servir como reflexión, para apostar por la convivencia, la solidaridad y la universalidad; cuyas actuaciones  son necesarias para vivir y construir la paz. Es preciso valorar la política, en cuanto hay que exigir un mecanismo para desenmascarar a los falsos políticos, los cuales no están al servicio de los ciudadanos y del bien común, sino de aquellos intereses económicos que les pagan. Recuperar la confianza en la política, elegir que nos representen auténticos servidores. Formarse políticamente para refrendar iniciativas ciudadanas. 

Es cierto que la vida es compleja. La grandeza del ser humano reside en la búsqueda del conocimiento, en conocerse, en encontrar su libertad y realizarse como persona.  Pero se hace pequeño ante sus  miedos, los cuales son los que tiene que afrontar.