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05:47h. martes, 01 de diciembre de 2020
Columna de José Marcelo

Es triste y lamentable ver una lucha por ejercer el poder como la que hemos presenciado en las elecciones a presidente de los Estados Unidos, en las que hemos visto un ejemplo de individuo que pertenece a esa minoría negacionista, el presidente saliente de la Casa Blanca, Donald Trump. Quien, refugiándose en un gobierno democrático, ha ejercido con des­­­po­­tismo el poder económico, político y social. Haciendo gala de una conciencia cuestionable.

La actual pandemia está derivando hacia una crisis, en la que hay que tomar decisiones para salvar vidas y solventar los problemas socioeconómicos. Pero también está cuestionando cómo debemos vivir la vida ahora, y nos exige pensar en el futuro. Esta realidad que se nos presenta, nos invita a reflexionar sobre qué estamos haciendo mal. Dicha reflexión nos conduciría a ‘la mala conciencia’ como causa que lo produce, porque es el egocentrismo del hombre quien actúa en la sociedad actual y echa sus raíces en un consumismo destructivo. Ahora, sería pueril buscar culpables, porque lo que debemos es exigir soluciones y exigirnos responsabilidad. 

Hablemos de la amenaza de la mala conciencia, la que tiende a endiosar al hombre. Quien motivado por su egocentrismo y por su soberbia actúa en rebeldía contra natura, se convierte en un ser destructor. Es el hecho, por el cual se da que el ‘hombre devora al hombre’. Porque deja de ‘ser persona’, para ser una fiera que ha perdido todo temor. De manera coloquial lo expresamos, cuando recriminando a alguien sus malas acciones, le decimos que tiene ‘mala conciencia’, para así argumentar que es una mala persona. 

Enjuiciemos la actuación de la mala conciencia y sus consecuencias, y enfrentémonos a ella. Recuperemos la conciencia humana, la que nos hace ‘ser persona’. Hablemos de futuro.  Para hablar de la conciencia humana hay que hacerlo desde distintas perspectivas, pero teniendo siempre presente a la persona. Me refiero a ese concepto de ‘persona’ de María Zambrano, que implica estar dotado de conciencia. Conciencia que aparece en el ser humano cuando se adquiere la capacidad de pensar, la cual nos diferencia de los animales. En su libro Persona y democracia desarrolla esta cuestión de la conciencia. Nos habla de la mala conciencia, a que he aludido anteriormente, causa de todos los males de la historia, regímenes totalitarios, despotismo y absolutismo. Pero también nos habla de ‘la conciencia histórica’, de la conciencia relacionada con el futuro, que son las salvadoras de lo humano y de la humanidad.    

Es el momento de actuar como ‘persona’, con conciencia y con pensamiento crítico, y cuestionarnos qué queremos. Es necesario asumir los errores para procurar un futuro esperanzador. También es necesario desenmascarar a esa minoría que niega la realidad, el futuro. No nos queda más que ampararnos en la esperanza y en la confianza como acto de buena voluntad, para recuperar vivir en armonía con la naturaleza. 

Como las palabras del poeta que clama y nos dice: “Quisiera encontrar la confianza que brota cada primavera: / La que nace del vientre cálido / y viene con una esperanza nueva. / La que sueña y se despierta cada amanecer. / La que recuerda las huellas de su camino andado / y con lentos pasos construye la libertad. / La confianza que va sembrando la simiente/ y brota cada primavera.” ¡Hagámoslo!