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10:44h. sábado, 31 de octubre de 2020
Columna de José Marcelo

El regreso al colegio ha supuesto elaborar un protocolo para los centros educativos, acogiéndose a las medidas sanitarias del Ministerio de Sanidad y de la Junta de Andalucía, para afrontar la pandemia que produce el covid-19, siendo responsable de su coordinación la dirección del centro.  

La puesta en funcionamiento del protocolo ha producido cambios, no sólo en la convivencia y la manera de relacionarse, sino también en la implicación de la comunidad educativa. El profesorado y el personal de administración han asumido nuevas responsabilidades. Los conserjes han modificado sus rutinas y el personal de limpieza ha intensificado su  trabajo. En cuanto a la relación y convivencia, quien se ven más afectado es el alumnado, porque su ámbito de convivencia se restringe al grupo de compañeros del aula. Los padres se adaptan a la normativa para  comunicarse con el centro.  

Pero el éxito de cumplir con las medidas sanitarias en el centro, según el protocolo,  no sólo lo va depender  del esfuerzo de la comunidad educativa,  sino también de las infraestructuras, zonas de recreo y patios, números de aulas… y la ratio de admisión de alumnos por unidad y aula que tenga el centro. Es en este aspecto donde  hay disparidad de actuación de las CCAA, que han apoyado con medidas distintas. Sí hay comunidades que han bajado la ratio de 25 alumnos y han aumentado el número de profesorado y de personal para realizar los servicios que oferta el centro educativo, e incluso ha hecho doble turno de mañana y tarde. La Junta de Andalucía ha hecho caso omiso a las reivindicaciones de los sindicatos de la enseñanza y no ha contratado profesorado, ni personal para el mantenimiento de los servicios del centro. Precisamente, el problema reside en estos términos, actualmente no está en funcionamiento el servicio de comedor escolar, que es muy  necesario para los padres que trabajan y para las familias en situación de exclusión social. Las actividades se deben adaptar a grupos reducidos, porque deben proceder del mismo curso y aula. Pero esto implica hacer el esfuerzo económico de contratar más personas, esta realidad aún no está resuelta.

La dificultad de enfrentarse a la pandemia es mayor por la incertidumbre y el miedo que produce. Por ejemplo, provoca que algunos padres teman llevar a sus hijos al colegio. Es importante que los padres superen esa incertidumbre y ese miedo, para no interrumpir el derecho a la educación de sus hijos.

Pero sí es necesario que tomemos conciencia de la realidad de la situación y nos manifestemos para exigir mejoras. Porque hay que tener presente que la salud y la educación son pilares importantes para el desarrollo del ser humano. De la salud  depende cómo puede ser la existencia de la vida, longeva y con bienestar, o bien breve y enfermiza, y la educación nos prepara para vivir en sociedad.

Un compañero maestro, me confesaba preocupado por la pandemia: “Ahora nos toca dar la talla, enseñando y educando con el ejemplo, con responsabilidad para combatir el covid- 19”. Con esas palabras, mi compañero definía las cualidades del maestro, la dedicación y la abnegación, que hacen que el oficio de maestro sea de vocación. Porque el maestro es consciente de que su labor es educar y formar personas.      

Esta actitud de responsabilidad es la que nos debemos exigir, sea en el ámbito profesional que se  trabaje, pero también manifestar las mejoras, ya sea por la salud o la dignidad de la persona.