02:36h. jueves, 19 de mayo de 2022

Belldianismo, una forma de ser y de crear

Si miramos sus obras y cerramos los ojos, vemos en nuestro interior el ADN de nuestra historia.

Ésa que viene de nuestros ancestros... Cuyas vidas están en la tierra que hoy pisamos, y que están cubiertas por fecundas flores;  en el ‘Mare Nostrum’  de las medusas, del dios Poseidón, de las Nereidas, de  Hércules, Odiseo, del rey Gerión; en  la luz de Helios, un dios ‘Sol’ muy celoso  que entrar en el alma, la ciega.  En su conjunto forma el ‘Paraíso’, herencia de aquellos pueblos: Tartesos- íbero, Gre­­­­­­­­co-romano, Árabe... Al- Andalus. Ésa es nuestra tierra y nuestra genética. Que como dice el poema Milenios, del dramaturgo Miguel Romero Esteo, referente a su  obra Tartesos,  y en cuyo poema nos narra: “No llegaron de la mar en los navíos de las cañas de cáñamo [...] No llegaron de las aguas del este [...] No llegaron por las rutas de los  elefantes y el marfil [...] No llegaron de ningún sitio/ desde siempre ya estaban aquí / desde mucho antes de las primeras lunas”.  Versos que se refieren a ese pueblo legendario y mítico Tartesos, que la arqueología ha demostrado  su existencia, la ciudad de Tarsis es la antigua Cádiz... La cultura tartésica-ibera, que era una sociedad matriarcal, nos  deja como herencia ese amor a las flores, a la luz;  ello lo vemos en  la danza ‘verdial’ que nos lego, donde se visten con adornos florales con mucho colorido.   

El pintor Antonio Belda absorbe la luz axárquica- mediterránea, para vomitarla en una primavera floral; lo hace como Donatello, enamorado de la simetría del dibujo. Son tan poéticas sus obras, que las flores se quejan de estar atrapadas en el cuadro y se  salen ante nuestra mirada.  Fluye el diálogo con el espectador, pero, a la vez, le  interpela; recordándole  quién es y de dónde viene. Los personajes son escogidos de la mítica historia humana, reivindicando el amor a la naturaleza y sus valores.

El ‘Belldianismo’ es una manera de ser y de crear, que parte de la búsqueda de los orígenes  del sentir humano. Porque son los sentimientos los que, verdaderamente, nos preocupan. Belda, como actor de la obra, padece una interiorización, donde visualiza ese inconsciente ya mítico  y olvidado, pero le traiciona revelando sólo parte de la verdad encontrada. De ahí, su inconformismo, su angustia, sus temores...  Tiene la sensación de haber cometido un crimen; por el hecho de apropiarse de parte de esa belleza.  Éste es el ‘modus operandi’ del poeta. 

Antonio Belda es poeta y siente hondamente el alma humana, la luz que le habla. Lo demuestra en las obras que nos deja de herencia, en cómo vive y siente. Persigue la luz con su propia mirada. La luz le devuelve los secretos que esconde. Su mar es una tempestad de colores, la cual le interroga sobre este mundo, el de hoy, el que vivimos.  Las respuestas, él las está buscando.

Pero, ahora, me hablas de soledad, Antonio Belda, y yo te digo: “Todo el universo nos ha dejado solo, /solo estamos, y frente a él, / y es tan grande esta soledad, / que el universo está ahí, en un rincón, calladito”.