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18:59h. sábado, 24 de octubre de 2020

El Rinconbús es un desconocido. Es como un vecino anónimo al que vemos de vez en cuando pasear por las calles de Rincón de la Victoria, un vecino de aquí, de los de siempre, al que saludan los más veteranos, los mayores, pero que los nuevos, los recién llegados, los visitantes o los que no han tenido la necesidad o la voluntad de saludar, no lo co­nocen. Así es el autobús urbano de Rincón de la Victoria, usado por unos, pero muy desconocido para muchos. 

Las razones son, básicamente, la falta de información, como siempre. Claro, pero hablar de información, así, en general, es muy ambiguo. Hay que concretar. En esa tarea lo mejor es ponerse en el pellejo del que tiene que coger el autobús urbano en un municipio con cuatro núcleos de población a los que hay que añadir un número que no me atrevo a concretar de urbanizaciones, barriadas y diseminados. Eso de ponerse en el pellejo o en los zapatos del vecino que decide desplazarse en transporte público es lo que llamaríamos “empatía”, una palabra tan empleada verbalmente y, a la vez tan poco usaba en la práctica.

Puestos manos a la obra, lo primero es buscar información de las rutas. Pero ¿dónde? Bueno, estamos salvados. Estamos en el siglo XXI y lo puedo buscar en internet. Aquí empieza el primer problema. La web del Ayuntamiento de Rincón de la Victoria me devuelve una página de error cuando pregunto por las líneas de los autobuses urbanos. No desesperemos. Buscamos un mapa con las rutas. Ya tenemos otro problema: no hay. Afortunadamente, encontramos, gra­cias al dios Google, unas infografías con horarios y paradas de las cuatro líneas urbanas. Ya vamos avanzando. 

Toca la prueba de campo. Estamos decididos a dejar el coche en casa y movernos en transporte público. Los 1,20 eu­ros del billete no son un problema. ¿Qué es eso comparado con dar vueltas buscando aparcamiento en Rincón de la Victoria o La Cala del Moral? ¿Qué es eso comparado con el precio del parking de la plaza de la Constitución? Además, estamos superconcienciados con el me­dio ambiente. Encaminados a la calle por la que pasa el minibús verde lima, al que algunos llaman ‘el moco’, otros ‘la lechuguina’, nos encontramos otro reto. ¿Dónde para? ¿A qué hora pasa? Ni Google es tan listo y SIRI, la señorita del iPhone, tampoco es de ayuda: no encuentra sitios con “autobús urbano” cerca de mí. 

Subimos y bajamos la calle, mirando a derecha y a izquierda, arriba y abajo, buscando la parada como unos ‘buscanidos’, con la misma cara de despistados que una cabra asomada a un barranco. Tras varios minutos que se hacen eternos, como un viernes en las urgencias de un hospital, decidimos bajar a la avenida principal.

Esto ya parece otra cosa. Resoplamos aliviados. Encontramos pos­tes que son señales de “BUS” con la infografía de las paradas, aunque descoloridas por el paso del tiempo, como ese papel que ha pasado por la lavadora olvidado en los pantalones. Al menos, nos hubiera gustado ver esos postes en la calle donde se supone que estaba la parada.

Con esta pequeña historia, que es real, se concreta la falta de información a la que me refería al principio y que puedo pasar a enumerar: promoción del autobús urbano, que exista una mapa de las rutas e interconexiones, una infografía que se entienda y no necesite la explicación por parte del conductor, un horario más real y menos aproximado, señalética en las paradas en las calles secundarias, y no sólo en las avenidas prin­­cipales, con una infografía de la ruta y las interconexiones, en condiciones. Una vez que esto esté, vuelvo al principio: promoción de la información.

¡Ah, pues eso es fácil de arreglar!, pensará alguno. Nada más lejos de la realidad. Los postes están subcontratados a una empresa externa de señalética y publicidad, y están sin mantenimiento, el Ayuntamiento tiene un presupuesto escaso, la empresa concesionaria es una pequeña cooperativa de vecinos del municipio y, actualmente, el servicio está ya integrado en el consorcio de transportes. Entramos en el proceloso y pantanoso mundo de las competencias de lo público y lo privado.