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04:01h. domingo, 25 de octubre de 2020

Algo pasa con Rincón de la Victoria que, a pesar de tener 45.000 habitantes y un lleno en las playas y paseos marítimos, siempre da la sensación de desapego, y cuyos comercios y restaurantes miran a los meses de verano como la tabla de salvación a un invierno que se les hace eterno. Francisco Salado, actual alcalde, lo decía en una entrevista para El Rincón Habla: “los vecinos tienen la sensación de que Rincón de la Victoria no avanza y de que no tiene arreglo, y esto causa mucha desafección”.

A pesar del lleno aparente de los meses estivales, hemos dejado de ser municipio de ‘gran afluencia turística’, ya que el número de pernoctaciones de media anual es de unos 415 visitantes, muy lejos de los 2.000 que necesitaría según el decreto andaluz.

Parafraseando a Salado, son muchos los vecinos que viven en urbanizaciones y trabajan en Málaga capital, que no se involucran en la vida del pueblo, que por no conocer, no conocen ni el nombre de su alcalde o sus concejales. “Cuando se preocupan es cuando tienen un problema en su urbanización o la playa a la que bajan”. No está alejado de la realidad, a tenor de muchos de los comentarios de aquellos que se han pronunciado: “Prefiero mi Rincón tranquilo y familiar a un Rincón como Torremolinos, de guiris, todo carísimo y mogollón”. Aunque hay comentarios en otra línea: “Los vecinos tendrían que ser más tolerantes con los negocios y no alejarse tanto, pero que sean bares de copas, chiringuitos o restaurantes cumplan con sus horarios y normas, es decir, respetar y ser respetados”.

Si añadimos la ambigüedad de las normativas municipales y autonómica sobre los permisos para música, fundamentalmente, o la ausencia de una normativa de ruidos y mucho menos un mapa de ‘zonas de impacto acústico’ que salvaguarden intereses tanto de unos como de otros, los anhelos para dar esa vida que piden hosteleros y visitantes, cae en el pozo de los amargos deseos. Pero esa ‘vida’ que requiere el municipio no pasa sólo por acometer las necesidades normativas, sino de dotarlo de las infraestructuras necesarias para hacer atractivo al municipio. Para el alcalde de Rincón, el cambio pasa por acciones como peatonalizar el centro, rediseñar con avenidas más amplias y un gran parque de esparcimiento. Elena Aguilar, portavoz de Ciudadanos, por ejemplo, echa de menos una discoteca o zonas de ocio y recreativas, “así los jóvenes no tendrían que jugársela en la carretera yendo a Málaga”.

Para el impulsor de la campaña ‘por un municipio vivo’, Óscar Salado (AEHMURV), el motor de la economía es, hoy por hoy, el turismo: “Aquí no hay industria y son muchas las empresas y comercios del municipio las que se be­ne­ficiarían de una mayor oferta de ocio e infraestructuras. Si hablamos de la noche, los hosteleros vemos que es imposible hacer nada, y por esto ha dejado de venir gente”.  
Ante esta amalgama de condicionantes y variables, Óscar Salado propone crear una mesa sectorial para encontrar la solución a la pregunta ¿qué le pasa a Rincón?
Sin embargo, los números no le acompañan. En 2015, Rincón de la Victoria contaba con 2.120 empresas, mayoritariamente de Servicios, según el SIMA (Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía), de las que el 44% corresponden a servicios, el 25% al sector comercio y un 9% a hostelería, cifras que desconoce gran parte de la población, y que aleja a los vecinos del eslogan de las mujeres empresarias ‘Todo lo que se necesita, se encuentra en Rincón de la Victoria’, básicamente por esa máxima que dice que “lo que no se da a conocer, no existe”. 

Para terminar, parafraseando a Elena Aguilar, que en mi opinión ha dado en el clavo, quizás porque uno se dedica a la comunicación, este municipio necesita trabajar en medidas informativas para llegar a más vecinos.