lunes, 28 de noviembre de 2022 00:00h.

Almáchar: la luz de los libros

Hay pueblos pequeños, pueblos blancos, dorados por la luz oblicua de sus moscateles.

Luz arracimada en sus laderas escarpadas. Dulzura en la boca y alegría  para el espíritu cuando la uva se transforma en vino: el regalo mitológico de Dionisio uncido a la tierra y celebrado cada verano. Pueblos pequeños, crecidos de pronto a los ojos de  los lectores cuando a ese regalo se une otro que, si de alegría y placeres para el espíritu hablamos, no se queda corto: la biblioteca de Almáchar es una de las que han sido  galardonadas con el Premio María Moliner 2022.

Cuando una biblioteca es premiada, el mundo de los libros sonríe. Sonríen los lectores  porque saben  que podrán disponer de nuevas y variadas lecturas, y sonríe la bibliotecaria al poner en manos de sus vecinos aquellos libros que demandan y que tanto cuesta conseguir. 
Porque una biblioteca pública no tiene sentido sin sus usuarios, la persona responsable de la misma agudiza su ingenio y, con los recursos a su alcance, que suelen ser pocos, organiza cuentacuentos, días de fiesta para el libro, recitales…

El Premio María Moliner para bibliotecas de pueblos de menos de 50.000 habitantes supone un reconocimiento y un respiro, un poco de aire fresco, una brisa que viene a rejuvenecer el aspecto de la biblioteca.

Por un tiempo, las estanterías experimentan un ligero temblor, un cosquilleo o casi un vértigo: libros nuevos, compañeros nuevos, flamantes, editados recientemente, con la pátina del brillo virginal en sus cubiertas son expuestos a la vista de todos. ¡Son las novedades!

Apenas  preparados para el préstamo, son llevados y traídos, leídos y hasta puede que comentados. Ya sean superventas, libros infantiles, ensayos o poemarios harán ese viaje desde la biblioteca a los hogares una y otra vez, hasta que esa brillantez de lo nuevo comience a perder brillo. Entonces dejarán el lugar en el que están expuestos y engrosarán las baldas de las estanterías, apretujándose con los de su clase. A partir de entonces las salidas serán cada vez más escasas. Pero ellos estarán ahí, con sus lomos expuestos a las miradas, soñando quizás con que alguien los tome entre sus manos y los saquen de su alineada quietud. Que pasen sus hojas, que los sientan un poco y los lleven de nuevo a ese lugar de encantamiento en el que libro y lector se reconocen: La lectura.

El personal encargado de las bibliotecas sabe de este secreto deseo y padecer de los libros, así que, de vez en cuando, hacen pequeñas excursiones entre las baldas y las mesas y crean exposiciones temáticas. Cualquier motivo es válido para que los libros se hagan visibles una y otra vez. Estrategias de animación a la lectura hay tantas como capacidad de inventiva se tenga.

Una biblioteca es un orgullo para un pueblo. Una biblioteca con una colección bien surtida y con programas culturales y de animación lectora ambiciosos y atractivos debiera ser prioritario en las políticas municipales.

Vaya mi enhorabuena para Almáchar, sus vecinos y bibliotecaria y, ojalá, ese reconocimiento y respiro económico que supone el María Moliner sea sólo el principio de otros muchos.

Un pueblo lector refleja la más radiante de las luces.