03:04h. Martes, 17 de septiembre de 2019

Finem Mundi

Columna de Antonio Jiménez

No sabemos a ciencia cierta si fue una divinidad la que creó el mundo, pero de lo que no cabe duda es de que fueron nuestros antepasados españoles los que lo acabaron, con los descubrimientos de América y Oceanía y la primera vuelta al Globo. 

Aunque el descubrimiento de Oceanía  (Australia solo es su isla mayor) está oscurecido por nuestro poco interés en hacerlo valer, o en poseer aquellas islas ignotas, se puede comprobar la reescritura de la historia por Inglaterra en pos de prestigio. La propaganda inglesa no dejó de alardear que James Cook descubrió Hawai, Nueva Zelanda y Australia. Pero una abrumadora documentación demuestra que siglos antes todos estos territorios ya habían sido descubiertos por españoles, portugueses y holandeses. Y es que, cuando Cook llegó a Oceanía en 1770, España ya llevaba más de doscientos años transitando por el Pacífico sur. Tal era el dominio español sobre este océano que el investigador australiano (sic) Oskar Spate llegó a reconocerlo como Spanish Lake.

No deja de ser una ironía histórica la dejación de los españoles en la estimación de nuestras glorias. Aquí habríamos de reflexionar con Ortega ‘y sus circunstancias’ sobre el descubrimiento de América por la España católica, que mantuvo la hispanidad de ultramar durante tres siglos, hazañas intolerables para la Europa luterana. O sobre nuestra crisis de autoridad con un rey impuesto por Napoleón, junto con la beligerancia de EEUU, Inglaterra y Francia, amén de las culpas españolas, que dieron al traste con el inmenso Imperio. 

En suma, si España tiene alguna deuda con la Historia, no es otra que la de ignorar los motivos de nuestro incorregible orgullo patrio por haber completado el mundo, y circunnnavegarlo.