23:25h. Miércoles, 26 de febrero de 2020

Eugenio Chicano

Columna de Antonio Jiménez

Vaya por delante, que mis afectos y admiración por Eugenio me vienen de los tiempos jóvenes. Entremedias, sus estancias italianas, sobremanera en Roma y la shakesperiana Verona de Romeo y Julieta que yo seguí atento. Prueba de ello, el encargo que en la distancia (ya estaba en Verona con Berrocal) le hice para una carpeta & símbolo de la comarca veleña, La Axarquía Universal (la magnífica serigrafía fue de Rafael Heredia), que más tarde presentamos en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento. de Málaga. Al año siguiente, hizo un cartel para el recuerdo: el de la X Noche del Vino de Cómpeta. 

Ya de director de la malagueña fundación Pablo Picasso, vinieron las colaboraciones con mi proyecto de una comarca modernizadora para esta parte oriental de la provincia. Su redondo Pregón del Día Comarcal de Nerja, dedicado a los ajárquicos de Honor María Zambrano y Giner de los Ríos, o el soberbio cartel de Comares. Tampoco se le cayeron los anillos cuando, en una Noche del Vino, en un alarde de colaboración entre colegas, leyó el Pregón de José María Souvirón. Un imposible capítulo aparte merecerían sus ilustraciones para la segunda edición (2005) de El Capitán Cautivo, pero el microespacio manda. Aunque, al menos, quiero dejar constancia de su elegante predisposición durante todo el proceso. A cambio, solo lo pudimos nombrar ‘Ajárquico de Honor’ en Frigiliana.

Como persona y como artista, Eugenio Chicano ha sido todo un paradigma de hombre ilustrado y cosmopolita, caballero donde los haya, simpático y cordial. ¿Sería de su materno abuelo Adolfo Navarro, veleño y maestro impresor, de quien le vendría su amor por la estampación y la obra gráfica? Quizás... 
Adiós entrañable amigo Eugenio, adiós.