En el PSOE hay banquillo

Que el comunismo es una basura moral, intelectual y política lo sabe casi todo el mundo desde hace más o menos un siglo. Que la izquierda democrática es un espejismo cimentado sobre la socialdemocracia alemana y el laborismo británico de posguerra, expandido a continuación por Austria, España o Portugal, ya lo sabe menos gente. Los europeos nacidos después de la II Guerra Mundial han crecido en la falsa creencia que el espacio natural del socialismo es la democracia parlamentaria, invento burgués que llevan dos siglos intentando dinamitar sin que se note demasiado. La II República española es, probablemente, el ejemplo más claro de ello, aunque entonces los socialistas, liderados por Francisco Largo Caballero, disimularan mucho menos sus querencias estalinistas y totalitarias. Muchos ignoran que comunistas y nacionalsocialistas pactaron no agredirse y repartirse Polonia justo antes de la II Guerra Mundial. Fueron las potencias burguesas las que declararon la guerra al nazismo, no la izquierda. Stalin se vio arrastrado a la guerra sólo tras ser sorpresivamente invadido su país por la Alemania nazi. Si no fuera así, Berlín hubiera sido finalmente liberado por británicos, franceses y estadounidenses y nunca sabremos a qué precio. La realidad, pues, es que la izquierda se mueve mucho mejor bajo el cómodo paraguas de una dictadura, denominada “del proletariado”, aunque en realidad sea, como todas, el juguete de una minoría privilegiada para oprimir al pueblo, pero en su nombre. Que se lo pregunten a Xi Jinping, a Kim Jong-un, a Díaz Canel, a Delcy Rodríguez o a Daniel Ortega. Lo realmente grave es que lo que queda de ese socialismo europeo abandone sus inestables convicciones democráticas y acabe arrastrado hacia la ciénaga autoritaria que le marcan sus referentes, merced al papel desempeñado por tipos sin escrúpulo moral alguno del perfil de Zapatero¡Ah, y no se preocupen, porque en el PSOE hay banquillo! No me cabe duda alguna de que si Pedro Sánchez tuviera posibilidades reales de imponer por la fuerza un régimen autocrático todo lo disimulado que se quiera, lo haría, a mayor gloria de él mismo.