Carlos García-Galán, el malagueño que dirigirá la nueva base lunar permanente de la NASA

Reproducimos también un artículo que su tía, Margarita García-Galán, escribió para Noticias 24

La NASA ha colocado al ingeniero malagueño Carlos García-Galán en el centro de su nueva apuesta por la Luna. La agencia lo ha nombrado program executive de Moon Base, es decir, máximo responsable ejecutivo del programa que busca construir una base lunar permanente.

Este nombramiento llega solo unos meses después de que, en septiembre de 2024, fuera designado subdirector (deputy manager) del programa Gateway, la estación espacial que orbitaría la Luna y que hasta ahora se consideraba el paso intermedio hacia el satélite.

El cambio se produce en un momento de profundo giro estratégico en el programa Artemis. El pasado 24 de marzo, la NASA anunció un importante reajuste en su hoja de ruta más allá de Artemis V: apostará por hardware comercial y reutilizable para conseguir misiones tripuladas más frecuentes a la superficie lunar, con el objetivo de aterrizar cada seis meses.

En este nuevo enfoque, la agencia ha optado por un desarrollo por fases para construir la base lunar y ha decidido pausar el proyecto Gateway en su formato actual, para concentrar recursos en infraestructuras de superficie que permitan una presencia sostenida en la Luna. En este contexto, la amplia experiencia de García-Galán cobra una relevancia especial.

El objetivo es ambicioso pero claro: lograr un asentamiento humano permanente en la Luna antes de 2030. Para conseguirlo, la NASA ya ha puesto en marcha procesos para probar tecnologías en la superficie lunar en los próximos dos a cuatro años. Entre los planes destacan vehículos lunares tripulados y no tripulados operativos a partir de 2028, junto con el programa CLPS 2.0, que contempla un horizonte de diez años, quince de ejecución y un presupuesto estimado de hasta 6.000 millones de dólares.

La elección de Carlos García-Galán consolida su papel protagonista en Artemis en un instante clave. En diciembre de 2024 ya había sido situado entre los líderes de Gateway, entonces considerado pieza central para la exploración lunar sostenible. Ahora, con el giro hacia la superficie, pasa a dirigir una de las iniciativas más importantes de la próxima década.

Este nuevo rumbo, presentado a través del portal Ignition, representa un auténtico reinicio de la estrategia lunar estadounidense: una apuesta decidida por la presencia humana continuada en la Luna. Además, sitúa a este ingeniero español en una posición estratégica, no solo para el futuro de la exploración espacial, sino también para el protagonismo de la tecnología europea y española en esta nueva etapa.

¿Quién es Carlos García-Galán?

Nacido en 1974 en Málaga, aunque pasaba los veranos en Torre del Mar, es ingeniero aeroespacial formado en Ciencias Espaciales e Ingeniería Electrónica en el Instituto de Tecnología de Florida. Su carrera está estrechamente ligada a la élite de la exploración espacial internacional y, especialmente, al programa Artemis.

Desde Estados Unidos, donde ha desarrollado casi toda su trayectoria profesional, ha trabajado en proyectos clave como la nave Orión (encargada de transportar astronautas más allá de la órbita terrestre) y ha ocupado puestos relevantes en el programa Gateway.

Su pasión por el espacio empezó muy pronto. Con solo 18 años dejó España con el sueño de convertirse en astronauta. A los 23 ya había entrado en la NASA, comenzando en el Centro de Control de Misiones de la Estación Espacial Internacional en Houston.

García-Galán defiende que la humanidad está lista para dar el siguiente gran paso: establecer una presencia sostenida en la Luna, con bases, sistemas energéticos y aprovechamiento de recursos locales como el agua, como trampolín hacia Marte.

Soñar el universo, artículo de Margarita García-Galán

Ya desde niño lo tenía claro. En ese tiempo infantil en que te preguntan qué quieres ser de mayor, él no quería ser médico, ni bombero, ni profesor... Yo quiero ser astronauta, decía convencido una y otra vez. Familiarizado con los aviones desde siempre –su padre piloto, su madre azafata– el espacio le atraía enormemente. Pero él quería ir más allá de ese cielo misterioso que nos cobija con su inmensidad azul. Quizá, como aquel adorable Principito que cuidaba a una rosa en su pequeño asteroide, quería viajar a otros planetas para conocer otros mundos que dieran respuesta a sus dudas existenciales. Como al pequeño príncipe, al niño que quería ser astronauta su planeta Tierra se le quedaba pequeño, y quería, cruzando distancias infinitas, viajar más allá de las estrellas que brillaban en ese cielo al que miraba sin cansarse una y otra vez. Ya desde aquel tiempo, Carlos García-Galán soñaba el universo.

Pensábamos en ello, el pasado día 11, cuando recogía feliz su merecido premio como 'Malagueño del Año'. Con su semblante sereno, siempre sonriente y con la sencillez que le caracteriza, agradeciendo el reconocimiento hablaba de su apasionante trabajo como ingeniero en la NASA, inmerso ahora en la misión Artemís II, que llevará de nuevo humanos a la luna, como primer paso para viajar a Marte en un futuro cercano. Hablaba de sueños, de cómo es posible cumplirlos, y animaba a los jóvenes estudiantes a luchar por ellos. Muy seguro, contento con sus logros, hablaba con entusiasmo, comunicando muy bien lo ilusionante de su trabajo entre naves espaciales y astronautas; siempre mirando al cielo, trabajando desde abajo para acortar esas distancias que parecen imposibles. El niño que soñaba con el espacio cuando jugaba en las playas de Torre del Mar o en las charcas de Gredos, lleva muchos años trabajando en importantes proyectos y ha sido reconocido por ello en numerosas ocasiones. Entre otros muchos premios, cuenta con la Medalla de Plata al Logro de la NASA.

Con un talento innato, su curiosidad y atracción por el cosmos es una constante en su vida. Me recuerda el entusiasmo de su padre, apasionado de esos aviones que volaría hasta su jubilación, que pasaba mucho tiempo construyendo cohetes que despegaban desde la calle murciana donde vivíamos, entre una marea de niños eufóricos que admiraban su ingenio y disfrutaban muchísimo viendo 'volar' esos cohetes de doble fase que se elevaban desde el asfalto y llegaban lejos, hasta que acababan estrellándose en un balcón cualquiera del vecindario, casi siempre en el de un cura serio poco amigo de aventuras espaciales.

Cuando era niño, Carlos no quería ser piloto porque los aviones le parecían “pequeños y lentos”. Él aspiraba a volar más alto, quizá soñaba ya con estar dentro de uno de esos cohetes enormes que llegaban, a velocidades increíbles, a distancias inverosímiles, mucho más lejos que al balcón de un cura enfadado. Brillante carrera la de este malagueño entrañable que dedica su tiempo a dirigir ambiciosos proyectos en la NASA y a recorrer ciudades del mundo para dar interesantes conferencias que intentan informar, atraer y convencer a jóvenes estudiantes, explicándoles la importancia de la carrera espacial. El espacio guarda misterios, y tal vez, respuestas que ayuden a mejorar la vida de este planeta nuestro, tan bello, que tristemente se nos está deteriorando, perdiendo color porque no lo cuidamos lo suficiente.

Seguimos a Carlos, admiramos su esfuerzo y lo que ha conseguido desde que soñaba con bucear en el universo. Él es un ejemplo vivo de que, con constancia, trabajo y esfuerzo, se pueden alcanzar metas que parecen imposibles. Nos sentimos orgullosos de él, tan reconocido por su talento, que pasea su sencillez sin perder la sonrisa, soñando un futuro como si fuera todavía un estudiante cualquiera. Esperamos que esa misión futura a Marte sea una realidad, un éxito que corone su vida poniendo un broche de oro a su sueño. Tal vez, desde el misterioso

planeta rojo, los humanos que lo pueblen algún día puedan ver, como el Principito, en un solo día cuarenta puestas de sol.

Ojalá que en Marte o en cualquier otro ignoto mundo, por lejano que esté, siga la vida abriéndose paso, sorprendiéndonos entre paisajes distintos con su infinita belleza. Me gustaría pensar que en cualquier lugar del cosmos, los humanos seguirán poniendo corazón en lo realmente importante, aquello que no se ve. El amor, la amistad, la bondad... Como decía el zorro al Principito, sólo con el corazón se puede ver bien, porque lo esencial es invisible a los ojos.

Me gustaría creer que en cualquier lugar del universo seguiremos mimando las rosas.