'Lluvia'
Estamos viviendo un tiempo especialmente virulento. Tormentas, tempestades, lluvias torrenciales..., el agua lo inunda todo, anegando los campos, los pueblos, la vida de tantos. La lluvia, tan añorada, tan necesaria, parece que ha perdido el norte y ha llegado al sur para quedarse, pero de una forma tan ruidosa, tan extrema, que parece que el cielo está realmente enfadado con los de abajo, y descarga su rabia sin medida, causando mucho daño, mucha pena, mucha tragedia. Los ríos se desbordan y ocupan los campos, las casas, los pueblos, dejando imágenes estremecedoras a su paso. Mucha angustia, mucha historia triste a su alrededor, aunque, en medio de tanta desolación, hemos visto salvar la vida de muchísimas personas a punto de ahogarse. Y también a muchos de sus animales, que estaban aislados, indefensos a merced de la lluvia inmisericorde que seguía cayendo. Las imágenes de esos animales desvalidos rescatados, son realmente gratificantes. También ellos cuentan, son seres vivos, parte de esas familias que lo han perdido todo. Lo decía la dueña de un perro perdido tras el terrible descarrilamiento de un tren. Ella, herida, decía llorando: “Busquen a mi perro, por favor, él es mi familia también”.
La lluvia ha sido, y sigue siendo aún, protagonista absoluta de la actualidad. La lluvia, que ha calado hondo, nos ha dejado historias para pensar, para llorar y también para alegrarnos dentro de la tristeza mojada y fría que ha cambiado nuestro paisaje. Y es en ese paisaje mojado, donde navegaba a la deriva una gata indefensa, triste y desvalida, que se asomaba a una casita de campo, esperando, quizá, que le abrieran la puerta y se apiadaran de ella, de su hambre, de su frío, de su abandono, y le dieran calor. Calor humano. Los gatos son seres perfectos, con un conocimiento superior, decía María Zambrano. Y, como si fuera la protagonista de un cuento encantado, en medio de la desolación de un tiempo convulso, el milagro sucedió. Una humana con alma sea apiadó de ella, la rescató de la lluvia y del frío y la llevó al reino encantado de una familia entrañable, cariñosa y sensible, que lloraba aún la ausencia de una gata que fue muy querida. Por extraño sortilegio, la gata que llegó con la lluvia es igual que aquella, blanca, sedosa, mimosa... Como si ella, la que se fue a destiempo, la hubiera puesto en el camino, sabiendo que allí tendría un hogar. Los mejores brazos para sentir calor; la mejor sonrisa para olvidar su triste aventura de lluvia y soledad.
La gata vino con la lluvia. La mojó la lluvia. La empujó la lluvia a buscar amparo. Rescatada de esa lluvia impenitente que de alguna manera cambió su destino, la gata sólo podía tener un nombre: un nombre de agua caída del cielo. Un nombre, ahora envuelto en estampas de tragedia, que nos traerá la calma después de la tempestad . Un nombre que llenará pantanos y el caudal de ríos cristalinos que devolverán el verde al paisaje gris. Crecerá la hierba y brotarán las flores, el viento del sur se llevará la tormenta y el lodo estancado será sólo un mal sueño.
Después de la tempestad viene la calma, y tú, gata misteriosa que deambulabas perdida en la desolación de un paisaje, serás de repente, con tu elegancia sigilosa, la pantera del verso de Borges: No son más silenciosos los espejos / ni más furtiva el alba aventurera / eres, bajo la luna, esa pantera / que nos es dado divisar de lejos.
Bienvenida a tu vida nueva, amigable pantera mansa y sedosa. Bienvenida a los brazos amorosos y a la luz de unos ojos azules que te arrullarán desde ahora. Tu nombre me sabe a primaveras floridas y a mañanitas de abril. Tu nombre me suena a la música del agua que dibuja arabescos en los cristales de mi ventana. Tu nombre hermoso suena a esperanza en las voces cálidas que te acogen.
Bienvenida a la calma. Bienvenida a casa, Lluvia.