El sentido de la vida

Para hablaros sobre ‘el sentido de la vida’ he elegido la lectura de Viktor Emil Frankl, quien fue neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia, una de las formas del análisis existencial. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en cuatro campos de concentración nazis. Y cuya experiencia le motivó a escribir su primer libro   El hombre en busca de sentido (1946).

En el libro Viktor E. Frankl, el sentido de la vida, de la  psicóloga austriaca  Elisabeth Lukas, y prólogo del escritor catalán Alex Rovira. En el prólogo expone: “El doctor Frankl lo que defiende es  que necesitamos un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida, ya que en realidad no importa que no esperemos nada de ella, porque es la vida quien espera algo de nosotros, y esta respuesta no tiene que estar hecha de palabras ni de meditación, sino de una acción coherente basada en el compromiso con el otro, en el bien común”.

Vivir para Viktor Emil Frankl significa que asumamos la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas y cumplir las tareas que la vida nos asigna individualmente. Argumenta que el ser humano no se limita a existir, sino que siempre decide cuál será su existencia y lo que será al minuto siguiente. Para ello, hemos de hacer uso de esa libertad ‘esencial’, aquella que nadie nos puede arrebatar, es la de elegir nuestra actitud, por difíciles, dolorosas, o complejas que sean las circunstancias. Y es precisamente esta libertad que no nos puede ser arrebatada la que hace posible que la vida tenga sentido y propósito.

Y nos habla del sufrimiento y de la muerte, y que ambos están presentes, porque el sufrimiento no se puede erradicar, así como no nos podemos apartar de la muerte. Porque sin ellos la vida no es real; sería una ficción. Y expresa que, precisamente, a veces ocurre que superar  una situación externa lo que da al ser humano la oportunidad de crecer más allá de sí mismo.

La pregunta que nos plantea hacernos es: ¿Qué es lo que nos sostiene ante la adversidad, ante la dificultad o ante lo aparentemente imposible de superar? Frankl es contundente en la respuesta: “La salvación del hombre está en el amor y a través del amor”.

Prosigue expresando que es el amor a un ser amado o incluso el amor a una tarea que realizar, (amor y creatividad, en definitiva), son los pilares sobre los que se construye la esperanza y el sentido de la vida; son las respuestas al -¿por qué vivir?- Por ello, «quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo» solía decir el doctor Frankl. Pero para el alcance de ese sentido hay que ser capaz de trascender los estrechos límites de la existencia, la cual ha de estar centrada en uno mismo, y creer que uno puede hacer una importante contribución a la vida; si no ahora, en el futuro.

Es admirable la fortaleza de superación mostrada por Viktor Emil Frankl en su vida, ejemplo muy necesario en la actualidad. Porque es triste leer la estadística del suicidio, como consecuencia de perder el sentido de vivir. Una realidad que se omite, y es imprescindible de ser atendida.

¡Mantengamos vivo el amor humano!